A finales de la segunda década del siglo XX, el doctor Alfred Adler observó la posición de los niños en la familia y afirmó que el orden de nacimiento tenía un efecto significativo en la personalidad. Décadas más tarde, el psicólogo Frank Sulloway sustentó esa posición, y argumentó que los primogénitos son más asertivos, ambiciosos y conformes, mientras que los hermanos nacidos más tarde son más aventureros y rebeldes.

La teoría psicológica y los arquetipos culturales sobre el orden de nacimiento permanecen incrustados en el pensamiento actual, pero la investigación moderna muestra que, contrariamente a la creencia popular, el orden de nacimiento no es un factor importante en el desarrollo de la personalidad.

Buscando un efecto

Dos grandes estudios analizaron lo que se conoce como los cinco grandes rasgos de personalidad (extraversión, estabilidad emocional, amabilidad, conciencia y apertura a la experiencia), para determinar el efecto del orden de nacimiento en el desarrollo de la personalidad.

La evidencia científica sugiere que el orden de nacimiento tiene poca o ninguna relación sustancial con el desarrollo de rasgos de personalidad.

En un estudio, investigadores de la Universidad de Leipzig analizaron datos de 20.000 adultos en los Estados Unidos, Alemania e Inglaterra, comparando a los hermanos en la misma familia, así como las diferencias entre las familias.

Realizados estos análisis, los investigadores determinaron que el orden de nacimiento no tiene un efecto duradero en rasgos generales de la personalidad fuera del dominio intelectual. La investigación no encontró ningún efecto de orden de nacimiento en los rasgos de personalidad, lo que contradice las creencias populares.

Según los investigadores, las diferencias que los padres ven en sus hijos en relación a su posición en la familia pueden ser más un efecto de la edad que cualquier otra cosa. Un hermano menor puede ser tanto o más concienzudo y confiable como un hermano mayor que sea primogénito.

Conclusiones similares

El segundo estudio obtuvo conclusiones similares. Después de analizar los datos de 337.000 estudiantes, investigadores de la Universidad de Houston y la Universidad de Illinois encontraron asociaciones muy pequeñas entre el orden de nacimiento y la personalidad.

Los arquetipos culturales sobre el orden de nacimiento permanecen incrustados en el pensamiento actual, a pesar de que las pruebas lo refutan.

En referencia al estudio, sus autores comentaron que la evidencia científica sugiere fuertemente que el orden de nacimiento tiene poca o ninguna relación sustancial con el desarrollo del rasgo de la personalidad, así como una relación minúscula con el desarrollo intelectual.

Ambos estudios analizaron la afirmación de que los primogénitos son más inteligentes y encontraron una pequeña ventaja para el niño mayor. Sin embargo, señalan los investigadores, se trata de una diferencia casi imperceptible.

El debate sobre el orden de nacimiento se ha prolongado en la comunidad científica durante décadas. Ahora nos damos cuenta de que frecuentemente el peso que ponemos en el orden de nacimiento es simplemente una manera conveniente de explicar el comportamiento de nuestros hijos.

En realidad, el orden de nacimiento es solo un estereotipo más. Sabemos que las personas se aferran a nociones de larga data ya sean válidas o no, y esta creencia en particular ha perdurado en la consciencia colectiva a pesar de las pruebas que los refutan.

Referencias:

Settling the debate on birth order and personality. PNAS, 2015. https://doi.org/10.1073/pnas.151906411

The associations of birth order with personality and intelligence in a representative sample of U.S. high school students. Journal of Research in Personality, 2015. https://doi.org/10.1016/j.jrp.2015.05.005

Examining the effects of birth order on personality. PNAS, 2015. https://doi.org/10.1073/pnas.1506451112