El poder es embriagador e hipnotizante, la adrenalina que produce la batalla saca lo peor de las personas, y juntos crean un cóctel embriagador que convierte a los líderes en monstruos repudiables.

En un principio podríamos decir que fue la mezcla del poder, la adrenalina y la venganza personal lo que hizo que Daenerys saliera de sus casillas y asesinara a miles de inocentes durante el episodio cinco de la última temporada de ‘Game of Thrones’. Sin embargo, quienes se hayan dedicado por 8 temporadas a ver cada episodio, seguro entenderán que existen otras razones aún más lógicas para lo que sucedió.

Pero, si algo dejó como aprendizaje lo ocurrido en el pasado domingo, es que GOT, en efecto, no es ningún jueguito de domingo por la noche como por ejemplo un Super Bowl, aunque, seamos honestos, cada uno de los fanáticos se la ha pasado episodio tras episodio conversando con respecto a las teorías, los posibles ganadores, los perdedores y las tácticas para anotar en tan anhelado touchdown.

Alimentando la cultura deportiva

Aunque “en el Juego de Tronos, o ganas, o pierdes” la más reciente teoría sustenta que GOT desvarió en su totalidad las intenciones de George R.R. Martin, ya que, mientras el autor pretendía mostrar a través de un espejo medieval las terribles verdades que nos cazan en la actualidad, la serie de HBO se ha nutrido de alimentar la mentalidad competitiva de los aficionados al deporte y hacer de la historia una constante apuesta por quién vive y quién muere.

Especialmente, durante las últimas temporadas, el mayor problema se ha presentado por la cualidad de superhéroes que el equipo de producción les ha concedido a los jóvenes sedientos de venganza, por ejemplo, Arya Stark y su lista negra, o, Sansa Stark empoderada por sus abusos físicos.

No obstante, ningún “error” ha causado tanto revuelo como la falta de cordura de Daenerys Targaryen en el capítulo “The Bells”. La Madre de los Dragones, desde los primeros episodios, se había convertido en un ícono poderoso, justo y estratega para la comunidad fanática de la serie, amada por los cosplayers y considerada como una princesa de Disney para los seguidores del mundo medieval.

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Tanto fue el clamor del pueblo fanático que a todo el mundo parece haber olvidado quién es ella realmente. Es decir, que su mezcla de fragilidad, carisma y fortaleza la pintó como una mujer líder y justa, cuando en realidad no es más que otra persona en busca del máximo poder por encima de los Siete Reinos.

Asimismo, la confusión de la audiencia suena un poco hipócrita si nos ponemos a pensar que lo que más importaba para la hinchada espectadora es que Dany ganará y que Cersei muriera, entonces: ¿cómo han de sentirse mal con un escenario idéntico al que estaban esperando? O, ¿es que pretendían que Daenerys ganara sin dejar ningún daño a su paso?

La estrategia nunca sobrevive al enfrentamiento real

Es evidente que el calor de la batalla puede hacer que cualquiera se convierta en héroe o en villano, para ejemplo nos presentan a una Arya Stark victoriosa que se cobra la vida del terrible Rey de la Noche, cuando en realidad todo el mundo le estaba apostando –como si de un partido de fútbol se trata– a Jon Snow, “El Príncipe Prometido”.

Es entonces cuando nos damos cuanto que Daenerys nunca ha sido una verdadera estratega –a diferencia de su contraparte Cersei– y que en realidad todas sus victorias se le deben acreditar a su equipo de defensa, y no a ella como la Quaterback del equipo.

Desde un principio, la Reina Legítima nos ha demostrado quién es realmente, una mujer que depende de sus aliados, consejeros y dragones para liberar a los pueblos a través de la sangre y el fuego. Además, si alguien era más aclamado que Daenerys eran sus dragones, en especial Drogon, entonces, ¿cómo es que la fanaticada pide más y más “dracarys” y ahora que lo tienen se quejan por lo ocurrido?

Es evidente que si hablamos de un juego, las reglas están bastante claras. Pero en Westeros al parecer la única regla, es que no hay reglas. No hay bien o mal, injusto o justo, necesario o innecesario, lo importante es mantener al pueblo con comida en sus mesas y el Trono de Hierro bien caliente.

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