Para nadie es un secreto que el espacio es un lugar extremadamente dañino para los humanos. No solo por la radiación ante la que están expuestos o el riesgo constante de perderse en su vasto vacío, sino por la microgravedad que afectan duramente los huesos, músculos y órganos de los astronautas. Aunque nuestros héroes espaciales deben vestir sus característicos trajes para protegerse, dentro de la nave espacial no están precisamente fuera de peligro.

Dentro de la cantidad de afecciones que sufren los astronautas durante sus misiones al espacio se encuentra el Síndrome Neuro-ocular Asociado a Viajes Espaciales (SANS, por sus siglas en inglés), un fenómeno muy común entre los astronautas que puede provocar hipermetropía por el aplanamiento del globo ocular, nervios ópticos hinchados, además del daño de los nervios de la retina.

Aunque el origen de este padecimiento es desconocido, investigadores lo han vinculado con la presión, específicamente: mucha presión intracraneal y no tener suficiente presión intraocular.

Nadando en el espacio

La microgravedad afecta los huesos, músculos y órganos de los astronautas.

En el estudio, los científicos no solo quisieron encontrar la causa del SANS, sino también una solución que pueda ayudar a los astronautas a prevenir problemas con su visión. Investigando sobre posibles maneras de balancear el diferencial de la presión intercraneal, hubo dos soluciones simples que prevalecieron como las ganadoras: hacer ejercicio para disminuir la presión intercraneal, y usar lentes de nadar, lo cual podría aumentar la presión intraocular.

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Para probar estas dos soluciones, los investigadores trabajaron con 20 hombres en el Centro Espacial Johnson de la NASA, ubicado en Houston, en tres oportunidades diferentes en las que se realizaron ejercicios de fuerza o de cardio. Cada ejercicio se realizó sobre sus espaldas, inclinados 15 grados hacia atrás con sus cabezas bajo sus pies, una posición que se utiliza comúnmente para imitar los efectos de la microgravedad. Solo 10 de los hombres que realizaron la prueba lo hicieron utilizando lentes de nadador.

Los resultados no fueron absolutamente alentadores pues si bien el experimento logró disminuir la presión intercranial, también disminuyó la presión intraocular, produciendo exactamente lo opuesto a lo que se quería lograr. Sin embargo, al usar los lentes de nadador sí aumentó la presión ocular, ayudando a mitigar el gradiente barométrico.

De momento, hacen falta más estudios que permiten dar con el origen del SANS, así como para hallar soluciones efectivas para este trastorno. Mientras tanto, parece que el ejercicio con lentes de nadador representa una solución temporal para el cuidado de la salud ocular de los astronautas.

Referencia: Modulation of Cerebro-ocular Hemodynamics and Pressures in a Model of SANS Using Swimming Goggles: doi:10.1001/jamaophthalmol.2019.0414

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