Los anfípodos, pequeños crustáceos con aspecto de camarón que subsisten en la mayoría de los ecosistemas acuáticos del mundo, comienzan a desmoronarse una vez que superan una profundidad de 4.500 metros.

En esas profundidades, una poderosa combinación de altas presiones, bajas temperaturas y mayor acidez del agua, hace que el carbonato de calcio en sus exoesqueletos se disuelva, haciéndolos vulnerables a la presión y a los depredadores.

Armadura protectora

El abismo Challenger, en la Fosa Mariana, es el punto más profundo de la Tierra. En toda la historia, solo tres personas han logrado descender sus 11.000 metros de profundidad, y se considera como uno de los entornos más desafiantes para la vida.

A pesar de su pequeño tamaño, Hirondellea gigas ha desarrollado una sorprendente estrategia para prosperar en uno de los entornos más desafiantes del mundo: las profundidades marinas extremas.

Las criaturas que prosperan en este ambiente han desarrollado todo tipo de mecanismos de defensa, y recientemente, una investigación realizada por científicos de la Agencia Japonesa de Ciencia y Tecnología Marino-Terrestre y el Centro de Investigación Bio-Nano Electrónica de la Universidad de Tokio, ha estudiado uno de ellos.

El trabajo realizado por el equipo de investigadores reveló que una especie de crustáceo que vive en este hábitat, es capaz de producir una cubierta de metal que le permite soportar las inmensas presiones a las que está expuesta.

Los investigadores examinaron por primera vez especímenes de la especie Hirondellea gigas, pequeñas criaturas que no sobrepasan los 5 centímetros de largo, recolectadas en la parte más profunda del abismo Challenger.

El análisis mostró que este anfípodo extremo construye una armadura personal, una capa de gel de hidróxido de aluminio que cubre la superficie de su exoesqueleto.

Se trata de una estrategia sorprendente, ya que el aluminio no es un elemento precisamente abundante en el agua de los océanos, lo que dificulta su obtención como material de construcción; pero H. gigas sabe a dónde dirigirse para encontrarlo: los sedimentos oceánicos.

Procesos biológicos

Para descubrir cómo H. gigas accede a su aluminio, el equipo expuso los sedimentos del abismo Challenger, que el crustáceo muy probablemente traga al comer, a los químicos que se encuentran en su sistema digestivo.

Para el estudio, los investigadores recolectaron especímenes de H. gigas de las profundidades de la Fosa Mariana, específicamente en el abismo Challenger, el punto más profundo del planeta.

Dentro de ese ambiente ácido, un subproducto de las plantas que forman parte de su dieta típica, reacciona con el sedimento rico en metales para liberar iones de aluminio.

Cuando estos iones de aluminio se liberan en agua de mar alcalina, se transforman en un gel protector compuesto por hidróxido de aluminio.

Esta especie de armadura metálica, aparte de aliviar el estrés de las presiones del fondo marino, evita que los exoesqueletos de estos anfípodos lixivien el carbonato de calcio y se desintegren.

Los investigadores subrayan que gracias a estos procesos biológicos, este tipo de “camarón con cáscara de aluminio” puede vivir y prosperar de manera segura en profundidades extremas.

Los resultados de esta investigación, además de aportar un conocimiento novedoso y revelar una estrategia de sobrevivencia sorprendente, podrían contribuir al desarrollo de materiales de mayor resistencia en el futuro próximo.

Referencia: An aluminum shield enables the amphipod Hirondellea gigas to inhabit deep-sea environments. Plos One, 2019. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0206710