Es momento de hablar del “elefante en la habitación” y antes de ponernos serios debemos aclararte que no, no fueron cosas tuyas, en efecto el episodio número tres de la octava temporada de ‘Game of Thrones’ era muy oscuro, tanto que se volvió en otro importante tema de conversación en las redes sociales.

Sin embargo, la oscuridad del episodio no fue una característica fortuita ni mucho menos casual. El director de fotografía de la serie, Robert McLachlan, confirmó durante una entrevista que la decisión artística fue analizada con detenimiento y fue tomada adrede. “Creo que todos estamos en la misma página ya que estamos tratando de ser tan naturalistas como sea posible”, dijo.

Para hacerlo lo más real posible

McLachlan (‘Westworld’) –encargado de la dirección fotográfica de los seis episodios que corresponden a la última temporada de la serie de HBO– argumenta que la falta de la iluminación durante lo que fue el episodio ‘The Long Night’ está más que justificada.

“Si vuelves a ver la temporada uno, hay una gran cantidad de luz desmedida de fondo. Incluso en exteriores, se puede decir que se han encendido las luces. (..) Estamos tratando de ser lo más naturalistas posible para hacer que estos conjuntos y ubicaciones se sientan como si no estuvieran iluminados por nosotros, sino solo por la madre naturaleza o algunas velas”.

Si bien esto puede perjudicar un poco lo que es la calidad del detalle –en otras palabras, nos dificulta ver quién murió y quién no–, lo cierto es que el equipo tomó la decisión de hacer que la iluminación de este episodio fuera lo más natural posible.

Por esa razón cuando Melisandre prende las trincheras –luego de que Daenerys y Jon fallaran en su “única” misión– pudimos divisar un poco mejor lo que estaba ocurriendo cerca de los límites del castillo de Winterfell, y, por lo mismo, cuando los Dothrakis que cabalgaron con sus espadas iluminadas hacia los Caminantes Blancos murieron, era imposible visualizar lo que estaba ocurriendo.

Para que la audiencia sintiera la llegada del invierno

Seamos realistas, quienes esperaban que las imágenes que nos presentaron durante la Batalla de Winterfell fueran brillantes y bien iluminadas no entienden por completo el compromiso que el equipo detrás de un proyecto como ‘Game of Thrones’ tiene con cada una de las escenas que llegarán a la audiencia final.

Tal como se nos había adelanta, los productores y demás integrantes de la serie aseguraron que la tarde llegada de los seis episodios de esta temporada se debía al arduo trabajo que se estaba llevando a cabo para ofrecer una producción de calidad cinematográfica a los espectadores.

Otro de los objetivos de una iluminación más realista es también hacer sentir a quien viera el episodio como si fuera un verdadero activo en la batalla, que sintieran que el invierno había llegado, en una noche oscura y sin luces artificiales más allá que la tenue luz de una vela. Los vivos no veían nada en la noche más larga, ¿por qué nosotros si deberíamos?

Hay que admitirlo, la falta de iluminación en exceso fue una estrategia arriesgada pero sin duda fue acertada. La incertidumbre, el desespero, el misterio, las noticias inesperadas, todo lo que la oscuridad traía consigo, todo llegó a la fibra de cada espectador y por eso es que podemos decir que el episodio tres de la temporada final quedará grabado por siempre en la memoria de quien lo haya disfrutado.