El reconocido biólogo molecular Francis Crick, parte del equipo que descubrió la estructura del ADN, más adelante en su carrera propuso que cada aspecto de la conciencia humana es simplemente el resultado de la actividad eléctrica en las redes neuronales de nuestro cerebro.

Por lo tanto, la actividad eléctrica en el cerebro es el rastro detectable de nuestra experiencia consciente. Por correlación, mientras sea posible detectar esta actividad eléctrica, se puede asumir que un sujeto está consciente.

Registrando actividad eléctrica

Teniendo esto presente, los resultados de un estudio realizado por investigadores de la Universidad Radboud Nijmegen, en Países Bajos, generan cierto sobresalto y desasosiego.

Experimentos en animales demuestran la presencia de actividad cerebral momentos después de una decapitación.

Para determinar si la decapitación, un método común de eutanasia en ratas de laboratorio, es “humana”, los investigadores conectaron una máquina de electroencefalograma al cerebro de las ratas, las decapitaron y registraron la actividad eléctrica en el cerebro después del evento.

Los investigadores holandeses encontraron que durante unos cuatro segundos después de haberse separado del cuerpo, los cerebros de las ratas continuaron generando actividad eléctrica entre la banda de frecuencia de 13 a 100 Hertz, que está asociada con la conciencia y la cognición.

Este hallazgo sugiere que el cerebro puede continuar produciendo pensamientos y experimentar sensaciones durante al menos varios segundos después de la decapitación, al menos en ratas.

Si bien los hallazgos en ratas generalmente se extrapolan a los humanos, por razones obvias, es posible que nunca sepamos del todo si un humano permanece igualmente consciente después de perder la cabeza.

Al menos unos instantes

Durante mucho tiempo ha habido un argumento en contra del concepto de conciencia después de la decapitación. Algunos creen que los movimientos que se ven en la cara son el resultado de espasmos musculares involuntarios ocasionados por el “cortocircuito” que supone la decapitación.

Cada aspecto de la conciencia humana es simplemente el resultado de la actividad eléctrica en las redes neuronales de nuestro cerebro.

Esto es probablemente cierto para el resto del cuerpo, pero la cabeza tiene la distinción de albergar el cerebro, que es el asiento de la conciencia. En una decapitación “limpia”, el cerebro puede continuar funcionando hasta que la falta de oxígeno cause pérdida del conocimiento y la muerte.

Exactamente cuánto tiempo una persona puede permanecer consciente después de la decapitación sigue siendo discutible. Sabemos que los pollos caminan por varios segundos después de la decapitación; el estudio de ratas holandés mencionado anteriormente sugiere una duración de quizás cuatro segundos. Otros estudios de mamíferos pequeños han encontrado hasta 29 segundos.

Es esto precisamente lo que resulta más perturbador: el hecho de que después de la decapitación permanece la consciencia, y por lo tanto es posible sentir dolor y experimentar miedo y otras sensaciones en esos instantes antes de morir.

Referencia: Decapitation in rats: latency to unconsciousness and the ‘wave of death’. PLoS One, 2011. http://doi.org/10.1371/journal.pone.0016514