Con la postemporada de la NBA en plena marcha, las emociones saltan a flor de piel entre los fanáticos, lo que inevitablemente conduce a muchas discusiones acaloradas sobre las decisiones arbitrales en cada jugada, especialmente las más disputadas.

Por ejemplo, cuando un balón sale de los límites, a veces puede ser difícil determinar qué jugador tuvo el último contacto. Indudablemente, ambos jugadores argumentarán que lo hizo su oponente, mientras que el otro jugador argumentará vigorosamente lo contrario.

Una tendencia natural

Podemos acertadamente atribuir muchos de estos desacuerdos a las pretensiones ventajistas de los jugadores, o al engaño absoluto, pero de acuerdo a una reciente investigación, hay otro factor en juego: una tendencia natural a pensar que nuestras propias acciones son anteriores a los eventos externos.

Los resultados de este estudio aportan nueva información sobre los muchos sesgos perceptivos que experimentamos a diario.

Para identificar esta tendencia en el laboratorio, un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Arizona (ASU, por sus siglas en inglés), realizó una serie de experimentos.

En el primero, el equipo juntó a 16 parejas de voluntarios y los hicieron sentar uno frente al otro en una mesa, con una barrera entre ellos para que no pudieran verse entre sí. Cada vez que una luz destellaba a intervalos aleatorios, los sujetos tocaban un sensor en la parte posterior de la mano izquierda de la otra persona tan rápido como podían.

Luego, cada uno presionaría un botón que indicaría si creían haber tocado primero la mano de la otra persona. Ninguno de los sujetos recibió comentarios sobre si sus respuestas eran correctas.

Los investigadores encontraron que en el 67 por ciento de los casos, ambos sujetos insistieron en que habían sido los primeros en tocar la mano de la otra persona, incluso si el otro sujeto lo había hecho 50 milisegundos antes.

Un segundo experimento eliminó la mitad del elemento humano, reemplazando un sujeto con un dispositivo mecánico para tocar la mano del sujeto restante. Una tercera iteración hizo que los sujetos indicaran si tocaban primero o si sonaba una señal acústica primero. Los resultados fueron los mismos: incluso cuando hubo un retraso de 50 milisegundos entre el toque o el pitido y cuando los sujetos sintieron el contacto, los participantes insistieron en que habían tocado primero.

Sesgos perceptivos

Para el investigador Michael K. McBeath, académico en el Departamento de Psicología de la ASU y coautor del estudio, este llamado “sesgo de orden temporal egocéntrico” tiene perfecto sentido. Al respecto, explicó:

“La gente generalmente es precisa en la percepción en tiempo real de sus propias acciones, pero necesitamos un poco más de tiempo para procesar algo no planificado, como un toque inesperado en el hombro. Cuando algo es inesperado, hay un ligero retraso perceptivo mientras el cerebro se da cuenta de lo sucedido”.

Los experimentos revelaron una tendencia natural a pensar que nuestras propias acciones son anteriores a los eventos externos.

El equipo de investigación resalta que los resultados de este estudio aportan nueva información sobre los muchos sesgos perceptivos que experimentamos a diario.

En cuanto a las aplicaciones que pudieran derivarse de estos hallazgos, los autores señalan que bien podrían ayudar a mejorar el diseño de los dispositivos computarizados que los jueces usan para determinar sus decisiones en eventos deportivos.

Pero más allá del ámbito arbitral, los resultados también podrían conducir al desarrollo de sistemas de asistencia automatizados más seguros, como los sistemas de frenos automáticos que se encuentran en algunos de los automóviles más nuevos, los cuales puedan ser capaces de detectar y reaccionar ante amenazas más rápido que los seres humanos.

Referencia: Who hit the ball out? An egocentric temporal order bias. Science Advances, 2019. https://doi.org/10.1126/sciadv.aav5698