Se suele creer que durante la adolescencia, el ser humano toma muchos más riesgos que en cualquier etapa de la vida, participando de forma desproporcionada en actos que podrían poner en peligro sus vidas. De hecho, la neurociencia sugiere que los adolescentes tienen mayores probabilidades de correr riesgos que los niños.

Sin embargo, un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Pennsylvania, en EE.UU., afirma todo lo contrario. Basándose en un análisis exhaustivo de estudios de laboratorio anteriores, los científicos no han encontrado evidencia que apoye la afirmación de que el cerebro de los adolescentes está “descontrolado”, a pesar de que lo que sugieren los estereotipos.

El análisis revela además que existen grandes diferencias entre el comportamiento “arriesgado” de un adolescente de entre 11 y 13 años de edad, y aquellos que superan los 14 años. En este sentido, los niños-adolescentes suelen tomar más riesgos que los adolescentes de 14 a 19 años de edad. Según el estudio, esto se debe en gran medida a que los menores están expuestos a mayores situaciones de riesgo.

A través de un comunicado, Dan Romer, jefe de investigación del Centro de Políticas Públicas de Annenberg en la Universidad de Pennsylvania, explicó que si bien los adolescentes emprenden acciones peligrosas en el mundo real, esto no quiere decir que sean más arriesgados que los niños.

Para llegar a sus conclusiones, Romer y su equipo preguntaron a participantes de diversas edades si tomarían el riesgo de ganar más dinero o recompensas, o si en vez de ello querían obtener un pago modesto pero seguro. Los investigadores encontraron que los adolescentes “mayores” asumieron siempre el menor riesgo.

El informe de investigación afirma que el hecho de que los adolescentes tengan un riesgo mayor de sufrir lesiones en esta etapa de su vida, no evidencia que sean más arriesgados. Además, los adolescentes no están sometidos a la misma vigilancia continua que los padres aplican a los niños para protegerlos.

Por fortuna, existen leyes con respecto a la edad mínima para conducir e ingerir sustancias como el alcohol, lo que reduce la probabilidad de exposición al riesgo. A pesar de que el desarrollo neuronal y psicológico de los adolescentes podría jugar un papel importante en la toma de decisiones arriesgadas, existen elementos físicos y sociales que también influyen en su comportamiento.

Romer afirma que es probable que los adolescentes no tomen más riesgos, sino que simplemente estén dispuestos a probar nuevas cosas. Evidentemente, la falta de experiencia podría generar accidentes u otra situación desagradable.

Pese a que no existe mayor evidencia de que los adolescentes son más arriesgados que los niños, los jóvenes son más propensos que las personas adultas a tomar riesgos. En todo caso, se debe tener en cuenta la edad cuando se incurre en actos poco saludables, como robar, fumar o conducir a alta velocidad.

Referencia: Heightened Adolescent Risk-Taking? Insights From Lab Studies on Age Differences in Decision-Making. Ivy N. Defoe, Judith Semon Dubas, Daniel Romer. First Published March 8, 2019 Research Article. DOI: 10.1177 / 2372732218801037