Cada vez que se aborda a un grupo de personas como “señoras y señores” o “damas y caballeros”, se demuestra la omnipresencia del género en todas categorías sociales. El género es una de las primeras categorías sociales que los niños aprenden en las sociedades actuales, y por lo tanto, el conocimiento de los estereotipos de género es evidente desde la infancia temprana hasta la edad adulta.

La teoría de los estereotipos de género sugiere que los hombres generalmente son percibidos como más masculinos que las mujeres, mientras que las mujeres generalmente son percibidas como más femeninas que los hombres, y como tal, se espera un tipo comportamiento acorde.

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Expectativas y comportamientos basados ​​en el sexo

En este sentido, una investigación realizada por científicos de la Universidad Estatal de Georgia (GSU), sugiere que las expectativas de la sociedad sobre los roles de género alteran el cerebro humano a nivel celular.

Las expectativas sociales en torno a la identidad de género pueden provocar marcas epigenéticas en el cerebro, que impulsan diversas funciones y características biológicas.

Para llegar a esta conclusión el equipo de investigadores revisó estudios previos de epigenética y diferenciación sexual en roedores, lo que se complementó con nuevos estudios en los que las experiencias de género en humanos también se han asociado con cambios en el cerebro.

Como explica la investigadora Nancy Forger, profesora en el Instituto de Neurociencia de la GSU y coautora del estudio:

“Estamos empezando a entender y estudiar las formas en que la identidad de género, en lugar del sexo, puede hacer que el cerebro difiera en hombres y mujeres”.

Aunque en el uso común las palabras “sexo” y “género” se suelen usar indistintamente, desde la perspectiva neurocientífica, existen diferencias entre estos términos.

El sexo se basa en factores biológicos como los cromosomas sexuales y los órganos reproductivos, mientras que el género tiene un componente social e involucra expectativas y comportamientos basados ​​en el sexo percibido de un individuo.

Dejando huella

Estos comportamientos y expectativas en torno a la identidad de género pueden provocar “marcas epigenéticas” en el cerebro, que impulsan funciones y características biológicas tan diversas como la memoria, el desarrollo y la susceptibilidad a las enfermedades.

Se ha demostrado que todas las influencias ambientales pueden generar cambios epigenéticos a nivel molecular, alterando la expresión génica.

Estas marcas epigenéticas ayudan a determinar qué genes se expresan, y ocasionalmente, se transmiten de una célula a otra a medida que se dividen, así como también pueden transmitirse de una generación a otra.

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Los investigadores aclaran que, si bien estamos acostumbrados a pensar en las diferencias entre los cerebros de hombres y mujeres, estamos mucho menos acostumbrados a pensar en las implicaciones biológicas de la identidad de género.

Pero ahora hay pruebas suficientes para sugerir que una huella epigenética para el género es una conclusión lógica. Sería extraño si este no fuera el caso, porque se ha demostrado que todas las influencias ambientales pueden generar cambios epigenéticos en el cerebro.

Referencia: Does Gender Leave an Epigenetic Imprint on the Brain? Frontiers in Neuroscience, 2019. https://doi.org/10.3389/fnins.2019.00173

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