Durante décadas, los científicos se han preguntado por qué los animales marinos que viven en los océanos polares y en las profundidades marinas pueden desarrollar tamaños gigantescos allí, pero en ninguna otra parte.

Determinados en abordar esta incógnita, un equipo de investigadores se trasladó a la Antártida para probar la teoría prevaleciente, la “hipótesis de la temperatura del oxígeno”, la cual sostiene que el fenómeno del gigantismo polar es el resultado de la baja demanda metabólica de oxígeno porque es muy frío.

Estudiando arañas

Para la investigación, que se realizó en las cercanías de la estación McMurdo de la Antártida, los científicos estudiaron arañas marinas, parientes marinos de arañas terrestres que respiran a través de sus patas.

Los científicos probaron una teoría sobre por qué los animales que evolucionaron en la Antártida crecieron tanto.

Las arañas marinas, técnicamente llamadas picnogónidos, viven en los mares de todo el mundo, y por lo general solo tienen patas de unos pocos centímetros, pero las que viven en la Antártida y en aguas muy profundas pueden ser mucho más grandes, llegando a desarrollar patas de hasta 70 centímetros.

Para probar la hipótesis, los investigadores ejercitaron las arañas hasta el agotamiento al voltearlas y durante una hora contar el número de veces que pudieron enderezarse en diferentes rangos de temperaturas, incluyendo su nivel normal de -1.8 hasta los 9 grados Celsius.

Los investigadores observaron que cuando la temperatura llegó a 9 ° C, el número de enderezamientos por hora era similar en todos los tamaños. Pero a temperaturas más bajas, los animales más grandes se enderezaban más veces por hora que los animales más pequeños.

Los investigadores indicaron que estos resultados mostraban que los animales no cumplían con las predicciones de la hipótesis de la temperatura del oxígeno.

Como comenta la investigadora Caitlin M. Shishido, catedrática en el Departamento de Biología de la Universidad de Hawái y coautora del estudio:

“No solo nos sorprendió que los animales gigantes pudieran sobrevivir a temperaturas mucho más altas de lo que suelen estar, sino que también lidiaron con temperaturas cálidas tan bien como las arañas más pequeñas”.

Porosidad incrementada

Esto no se supone que suceda. Los animales más grandes deben agotar su suministro de oxígeno y quedarse sin el gas mucho antes que los pequeños. Esto debería ser especialmente cierto para las arañas de mar, que por respirar por la piel, no tienen branquias ni pulmones que les ayuden a obtener oxígeno.

La araña gigante del mar, Colossendeis robusta, utilizada en los ensayos de tolerancia térmica realizadas en el estudio.

Los investigadores sugirieron que un factor que influye en el mejor rendimiento de las arañas marinas más grandes, era que las cutículas de los animales, equivalentes a nuestra piel, se vuelven más porosas a medida que se hacen más grandes.

Este aumento en la porosidad probablemente permite que los picnogónidos mantengan sus niveles de actividad a medida que crecen, y también puede explicar en parte por qué los picnogónidos de cuerpo grande pueden sobrellevar bien las temperaturas elevadas.

Sobre la base de estas observaciones los autores del estudio proponen que los picnogónidos antárticos pueden alcanzar tamaños gigantes no solo porque sus tasas metabólicas están limitadas por las bajas temperaturas, sino también porque la porosidad de la cutícula se incrementa en la misma proporción en que aumentan de tamaño.

Referencia: Polar gigantism and the oxygen–temperature hypothesis: a test of upper thermal limits to body size in Antarctic pycnogonids. Proceedings of the Royal Society B, 2019. https://doi.org/10.1098/rspb.2019.0124