A pesar de que nuestros cerebros han evolucionado para volverse más grandes, lo cual es un rasgo obvio de los seres humanos, estos han reducido su volumen en al menos 10 por ciento desde hace 40 mil años.

Para llegar a esta conclusión, investigadores se han dedicado a estudiar el volumen endocraneal de los cráneos fosilizados, puesto que el cerebro es un órgano que no dura demasiado tiempo después de la muerte. A modo de comparación, los científicos destacan que el volumen endocraneal de los homínidos era de aproximadamente 1.5 tazas –similar al de los chimpancés–, mientras que, con la evolución, el cerebro del Australopithecus alcanzó las 2 tazas, seguido del homo erectus, con 4 tazas de volumen endocraneal.

Desde entonces, los cerebros de los neandertales y del homo sapiens alcanzaron las 6 tazas de volumen endocraneal. Sin embargo, al alcanzar este pico, los cerebros de los humanos recientes tienen un promedio de 5 tazas de volumen endocraneal, un número menor al de sus predecesores desde la Edad de Piedra.

¿Por qué se han encogido nuestros cerebros?

Desde hace décadas, se han barajado muchas hipótesis que buscan explicar esta reducción cerebral en el ser humano, entre las que se manejan una reducción del volumen corporal como consecuencia del cambio climático durante la época del holoceno, que trajo temperaturas más calientes. Otras apuntan a una optimización del uso de la energía con la ayuda de la tecnología, lo cual permitió reducir el tamaño del cerebro y su capacidad de consumo energético.

Científicos identifican el centro del gusto del cerebro humano

No obstante, una de las hipótesis que más ha convencido al mundo científico es la de la “autodomesticación” del ser humano. Siguiendo la ciencia detrás de los procesos de domesticación de animales, estos son ahora más dóciles en comparación con sus antecesores. Incluso sus características físicas también cambian, como el tamaño de sus cerebros, extremidades y dientes.

Esta hipótesis, también conocida como “la supervivencia del más amigable”, acuñada por el antropólogo Brian Hare, apunta a que, desde la Edad de Piedra, los seres humanos que tenían más probabilidades de sobrevivir eran aquellos que podían cooperar con sus pares, en lugar de aquellos que eran más agresivos. Esto explica por qué ahora tendemos a socializar y a cooperar con nuestros vecinos y no a pelear con ellos.

Dentro de esta misma hipótesis existe una explicación que destaca que, al haber alcanzado volúmenes endocraneales más altos, el ser humano se volvió menos agresivo. Igualmente, la influencia de los genes que nos hacen más o menos sociables también afectan nuestras hormonas y otros aspectos físicos, como el tamaño de nuestro cuerpo y de nuestro cerebro.

Referencias:

  1. Doing with less: Hominin brain atrophy: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0018442X14000900
  2. Are humans domesticated animals?: https://bigthink.com/philip-perry/humans-were-the-first-domesticated-species-hypothesis-states

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