No es raro que entre las personas que comparten un mismo entorno se expresen diferencias respecto a los niveles de temperatura: mientras que algunos sienten un ambiente agradable, otros pueden estar buscando con qué abrigarse ya que sienten frío.

Estas diferencias en la percepción de la temperatura ambiental, además de ser la causa de muchas luchas por el control del termostato, han sido tema de debate por mucho tiempo y uno de los aspectos más estudiados por la ciencia.

Respuestas fisiológicas

Nuestra capacidad para detectar cambios de temperatura es esencial para nuestra supervivencia. Pequeños cambios en nuestra temperatura central pueden tener efectos perjudiciales, e incluso potencialmente fatales.

Es más frecuente que en el mismo entorno las mujeres sientan más frío que los hombres.

Para mantener una temperatura corporal central constante, nuestros cuerpos han desarrollado mecanismos sofisticados para detectar y responder a las fluctuaciones de la temperatura.

Los nervios en nuestra piel son nuestra primera línea de defensa, ya que captan cambios en la temperatura y pasan esta información al cerebro.

Una vez que el cerebro ha sido informado de una caída de temperatura, envía señales a nuestros vasos sanguíneos para restringir el flujo de sangre a la piel, un proceso que se conoce como vasoconstricción, el cual evita la pérdida de calor y protege la zona central del cuerpo.

Además de limitar el flujo de sangre a la piel, los impulsos nerviosos enviados a los músculos generan calor metabólico adicional a través de los escalofríos, contracciones musculares involuntarias y rítmicas que generan calor para calentar nuestros cuerpos.

Estas respuestas fisiológicas están integradas en nuestro sistema, pero varían de persona a persona. Entonces, ¿qué influye en cómo respondemos al frío?

Cuando se trata de la percepción al frío, el tamaño corporal juega un papel: cuanto mayor sea el área de superficie corporal de una persona, más calor perderá.

Esto está estrechamente relacionado con el tamaño del tejido adiposo subcutáneo, la grasa debajo de la superficie de nuestra piel. La grasa es un gran material aislante, por lo tanto, mientras más grasa subcutánea tenga una persona, mejor será su aislamiento.

Otros aspectos

Pero el sexo también influye; de hecho, es más frecuente que las mujeres sientan más frío que los hombres en el mismo entorno.

Nuestra capacidad para detectar cambios de temperatura es esencial para nuestra supervivencia.

En general, las mujeres tienen un sistema termorregulador más eficiente, lo que significa que pueden mantener una temperatura central más uniforme ante los cambios de temperatura externa; sin embargo, especialmente sus manos y pies, también son más sensibles a los cambios de temperatura y sentirán frío más rápidamente.

Ciertas enfermedades pueden causar anormalidades en la percepción de la temperatura. La diabetes, por ejemplo, puede afectar la circulación a los pequeños vasos sanguíneos de las manos y los pies y afectar los nervios que detectan la temperatura.

Otro problema para aquellos con esta enfermedad, así como para aquellos con hipertensión, obesidad y enfermedad cardiovascular, es que la capacidad del cuerpo para disipar el exceso de calor de manera eficiente puede verse inhibida.

La edad tiene un rol en la percepción del frío. Desde alrededor de los 60 años, la capacidad de nuestros cuerpos para conservar el calor y sentir el frío comienza a disminuir.

A medida que envejecemos, perdemos no solo la masa muscular sino también las reservas de grasa para la generación de calor. Los nervios también pueden perder parte de su capacidad para enviar señales eficientes al cerebro cuando hay un cambio de temperatura, y esto puede hacer que sea más difícil regular la temperatura general y puede favorecer una tendencia a sentir frío con más facilidad.

Referencias:

Desde alrededor de los 60 años, la capacidad de nuestros cuerpos para conservar el calor y sentir el frío comienza a disminuir. Journal of Applied Physiology, 2010. https://dx.doi.org/10.1152%2Fjapplphysiol.00298.2010

Physiology, Temperature Regulation. StatPearls, 2018. https://bit.ly/2KehCIO