Si buscas en Google “Facebook Birmania” o “Facebook Myanmar” podrás encontrar numerosos reportajes sobre cómo Facebook fue clave en el genocidio de que actualmente azota al país asiático que lleva dos años bajo la vista de la comunidad internacional. Si bien la compañía de Mark Zuckerberg admitió que su plataforma contribuyó a la violencia ética de la nación y se comprometió a realizar un esfuerzo por silenciar a los incitadores a la violencia, un investigador de las Naciones Unidas considera que los mismos “no están ni cerca de ser suficientes” para resolver el problema.

El investigador Christopher Sidoti expresó en una entrevista para Gizmodo que los esfuerzos de Facebook han sido “significativos, pero no están ni cerca de ser suficientes”. Además, añadió que, durante el 2017, cuando el conflicto llegó a su punto más álgido, “Facebook era meramente pasivo” y que sus acciones “solo pueden describirse como mínimas”. “Fue muy duro que su enfoque fuese disculparse después del hecho de haber intentado prevenir el problema en primer lugar”, agregó Sidoti.

Tal parece que esa es la mayor queja en estos días contra Facebook en conflictos de este calibre, al igual que ha sucedido con las noticias falsas y la polarización y extremismo que radica en cientos de países, con especial atención en Estados Unidos. La actitud de Facebook ha ido constantemente por la línea de decir “no fue mi intención”, más que reconocer que no pueden manejar esta situación que se ha salido de control desde hace mucho.

Un poder salido de cauce

Y como toda moneda tiene dos caras, Facebook no se queda atrás. Puede que a muchos nos parezca que las redes sociales son una herramienta que utilizamos cotidianamente para informarnos o simplemente expresarnos. También puede que parezca algo completamente inofensivo, pero en realidad las redes sociales tienen un poder, influencia y alcance que pocas compañías de tecnología pueden reconocer.

Viajemos a 2010 a Medio Oriente en plena Primavera Árabe, el papel de Facebook fue una herramienta fundamental de comunicación para convocar las protestas que tuvieron como resultado cambios gubernamentales de varias regiones. Sin embargo, a pesar del hype inicial que las noticias reseñaban todo el tiempo, sobre todo en Egipto, este disminuyó e incluso perdió fuerza una vez que se instaló el gobierno del partido de los Hermanos Musulmanes que terminó por atentar igual contra la libertad de expresión que el derrocado Hosni Mubarak.

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Pero volviendo a Myanmar, en el reporte de las Naciones Unidas se reconoce que “el rol de las redes sociales es significativo”, y así como una vez sirvió como una herramienta de organización y comunicación para crear un cambio político en el Medio Oriente, en Myanmar ha sido para promover la violencia y el odio. De esta manera lo destacan en el informe con respecto al caso del país asiático:

“Facebook ha sido un instrumento útil para aquellos que buscan divulgar odio, en un contexto en el que, para la mayoría de los usuarios, Facebook es el Internet. Aunque ha mejorado en los meses recientes, la respuesta de Facebook ha sido lenta e inefectiva. El grado en el que los mensajes de Facebook han llevado al mundo real a la violencia y a la discriminación debe estudiarse de manera independiente”.

Igualmente, se resalta en el informe que Facebook no ha dado información sobre la divulgación de discurso de odio en su plataforma.

En definitiva, aunque Facebook ha hecho varios esfuerzos por frenar el problema, incluso eliminando las cuentas principales de autoridades del ejército por incitar a la violencia, parece que las dimensiones han alcanzado mayores dimensiones más allá de las que Facebook es capaz de manejar.

Para las Naciones Unidas, Facebook aún no ha dado con la solución para frenar la divulgación del discurso de odio e incitacion a la violencia en Myanmar.

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