En prácticamente todos los hogares, los padres repetidamente señalan a sus hijos cuán importante es evitar posibles lesiones con clavos oxidados, ya que se corre el riesgo de contraer una peligrosa enfermedad: el tétano.

Si bien el argumento de los padres es bien intencionado y no busca más que proteger a los niños, es fundamentalmente erróneo.

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El óxido no tiene nada que ver

Esto no quiere decir que el tétano, también conocido como tétanos o trismo, no sea tan peligroso como indican los padres; de hecho, afecta a alrededor de un millón de personas al año a nivel global.

En los países con los más avanzados sistemas de atención médica, la tasa de mortalidad por esta causa alcanza el 10 por ciento, una cifra que se estima mucho mayor en entornos donde las carencias asistencias predominan, como las zonas más deprimidas de África y el sudeste asiático.

La inmunización es extremadamente efectiva y la clave para la prevención de la enfermedad.

El error fundamental de las advertencias sobre las lesiones con clavos oxidados es que la enfermedad no tiene nada que ver con el óxido. El tétano es una enfermedad infecciosa producida por la bacteria Clostridium tetani, que se encuentra en la suciedad, el polvo y las heces; en otras palabras, en todas partes.

Estas bacterias pueden ingresar al cuerpo a través de heridas punzantes, sí, pero también a través de cortes superficiales, picaduras de insectos, procedimientos quirúrgicos y cualquier otra lesión que implique cortes en la piel.

No está claro el origen de la estrecha relación entre los clavos oxidados y el tétano, más cuando se sabe que el óxido de hierro es básicamente inofensivo para el cuerpo humano.

Falta de oxígeno

En el medio ambiente, la bacteria C. tetani permanece inactiva en forma de esporas, donde puede sobrevivir a condiciones extremas durante largos períodos de tiempo, siempre y cuando disponga de oxígeno.

Pero cuando las esporas penetran profundamente en el cuerpo de una persona, su suministro de oxígeno se corta, y es esta falta de oxígeno, lo que hace que las bacterias salgan del estado de letargo.

La enfermedad puede ser producirse por cualquier lesión que implique cortes en la piel.

Activadas en el cuerpo, las bacterias se multiplican y producen una peligrosa toxina que recorre el cuerpo a través del torrente sanguíneo. Es esta toxina, no la bacteria, lo que causa el tétano.

Durante miles de años, el tétano ha afectado a la humanidad. Hipócrates, el antiguo médico griego, mencionó la enfermedad en sus obras.

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Para el año 1884, los investigadores descubrieron cómo funcionaba la enfermedad, y solo 40 años después, se había desarrollado una vacuna.

En la actualidad, la inmunización es extremadamente efectiva y la clave para la prevención de la enfermedad. Con tres inmunizaciones y un refuerzo cada 10 años, una persona puede prevenir el tétano, ya sea que se contraiga con un cuchillo de cocina aparentemente limpio, un cambio de pañal o un clavo oxidado.

Referencia: Tetanus. Journal of Neurology, Neurosurgery, and Psychiatry, 2000. https://bit.ly/2Fc24zw

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