Tras el terrible tiroteo ocurrido en Christchurch, Nueva Zelanda el pasado 15 de marzo, que dejó 50 víctimas, es inevitable reflexionar acerca del papel que tienen las redes sociales en este tipo de eventos en lo que respecta a su difusión viral. El hecho fue transmitido en vivo en Facebook, YouTube, Instagram y Twitter, y, a pesar de que fue removido, ya era demasiado tarde.

¿En qué se diferencia este tiroteo con los demás que han ocurrido en los últimos años? En el componente mediático digital. El perpetrador diseñó su ataque específicamente para que se hiciera viral en redes sociales, pues, no solo transmitió en vivo el horrendo crimen, sino que también tuvo repercusiones en Reddit, 8chan e incluso el canal de PewDiePie salió salpicado.

Según sostienen en TheVerge, el atacante había publicado en 8chan un póster que “invitaba” al evento, acompañado de unos enlaces que contenían un manifiesto y una página de Facebook que hacían alusión a la transmisión. En la página de Facebook existía un video donde el atacante decía “recuerden, amigos, no olviden suscribirse a PewDiePie”. Al respecto, el YouTuber que da vida al popular canal, Felix Kjellberg, expresó que sintió repulsión con el anuncio, sin embargo, ya hay quienes lo perfilan como una fuente de inspiración para los ataques –dado su historial de promoción del antisemitismo–.

Las redes sociales como plataforma para potenciar los tiroteos en masa

¿Pero hasta qué punto podría ser esto cierto? A pesar de las posturas radicales –y cuestionables– de PewDiePie, vincularlo como inspiración del terrible ataque sería exactamente caer en culpar a los videojuegos por la violencia que caracteriza a algunos. Esto va mucho más allá. Primero, los únicos culpables de estos tiroteos en masa son sus atacantes y nadie más, pero sí hay aristas por considerar como el nivel de acción que las empresas dueñas de las plataformas sociales digitales están haciendo por mantener este tipo de conductas al mínimo.

Por supuesto que el primer acusado de esto es Facebook. Aun cuando la compañía de Mark Zuckerberg removió 1.5 millones de videos referentes al ataque de dos mezquitas en Christchurch, no logró bloquear 20% de estos videos, permitiendo que se volvieran virales, con una fuerza de un tsunami indetenible.

Es aquí donde Facebook vuelve a fallar la prueba de contenidos. Sí es cierto que 1.5 millones de videos eliminados es una suma importante, pero, ¿qué hay de los 300 mil posts que sí quedaron en Facebook? Según reseña Hipertextual, además de esta cifra, TechCrunch encontró que, 12 horas después del ataque, aún se seguían compartiendo en la plataforma.

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En menor medida, YouTube, Instagram y Twitter también se ven bajo el ojo del mundo por haber permitido en primer lugar que este tipo de contenidos se transmitiera. Al igual que ha ocurrido con la difusión de noticias falsas y discurso de odio, en el que las plataformas digitales han fallado en actuar poniendo como excusa la libertad de expresión.

¿Libertad de expresión o libertinaje?

Si bien es cierto que todos somos libres –o en teoría, deberíamos serlo– de decir lo que pensamos, hay una delgada línea que puede convertirse en discurso de odio. Cada quien piensa y se siente de cierta forma sobre algunos asuntos, pero de ahí a aupar la crítica, el odio y el ataque de aquellos que no opinan igual ya es un problema que hay que atajar desde un principio.

Estas compañías han estado revelando inversiones millonarias para la contratación de personal que esté todo el tiempo leyendo las publicaciones para encargarse si hay alguna publicación maliciosa, pero es evidente que estos esfuerzos no han sido suficientes.

Dispuestos pero incapaces

No es la primera vez que se transmite en Facebook un hecho atroz como este. En 2017, hubo un live streaming sobre un asesinato en Cleveland que fue uno de los detonantes para que estas compañías se encargaran para prevenir estos hechos. Pero desde entonces, algunos críticos consideran que no ha habido ningún cambio al respecto.

Han pasado dos años y nada parece haber cambiado –de hecho, parece haberse potenciado–. El primer ministro de Australia, Scott Morrison, reconoció la disposición de las compañías de redes sociales en apaciguar el problema, sin embargo, considera que “claramente la capacidad de poner en práctica esa acción no está presente. Ese es el problema”.

Por su parte, Jacinda Ardern, la primera ministra de Nueva Zelanda, expresó lo que la mayoría del mundo digital opina: considera que todas estas compañías deberían responder “más preguntas” sobre el tema.

Las redes sociales pueden ser canales de cambio con iniciativas que ayudan a muchas personas, ya eso lo hemos visto, pero también hemos visto cómo también se han vuelto un espacio en el que se propagan cosas muy oscuras y dañinas. Puede que sean en menor medida que los buenos actos, pero no hay dudas de que este tipo de eventos hacen más ruido y ponen cada vez más en entredicho el poder de las redes, que parece que sus mismas compañías no conocen.

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