Brenton Tarrant, el autor de los asesinatos en masa ocurridos en la mezquita de Nueva Zelanda, habría financiado su vida con sus inversiones en criptomonedas realizadas a través de la plataforma de intercambio BitConnect.

Tarrant se presentó como un entrenador personal en Australia, y es uno de los cuatro sospechosos detenidos actualmente luego de la muerte de casi 50 personas durante las oraciones del viernes en la mezquita de Linwood en la ciudad de Christchurch. El evento comprende el peor tiroteo en masa en la historia de Nueva Zelanda, reconocido como un país calmado.

Varios sitios web han citado un documento, ya eliminado al momento de esta publicación, presentado como un manifiesto de Tarrant. En su título, ‘El gran reemplazo: hacia una nueva sociedad’, señala que en el pasado las inversiones en criptomonedas le permitieron viajar, aunque no especificó el destino.

“Trabajé por un corto tiempo antes de hacer algo de dinero invirtiendo en Bitconnect, luego usé el dinero de la inversión para viajar”.

Tarrant no dio mayores detalles sobre su inversión. Hasta el momento, no hay una idea de cuánto pudo haber obtenido en la plataforma de BitConnect, ni mucho menos si dichos fondos pudieron haber tenido influencia en los delitos que cometió posteriormente.

Un tocón de árbol sobrevivió durante muchos años gracias a las raíces de otros árboles

Recordemos que en enero del 2018, el equipo de BitConnect anunció el cierre de sus operaciones de préstamos e intercambio de criptomonedas, culminando con todas las transacciones pendientes. Y a pesar de haberse valorado en US$ 2,500 millones, la compañía fue acusada de seguir un esquema piramidal por su estructura de varios niveles y promesas de pagos inusualmente altos.

Lo cierto es que las autoridades de todo el mundo han manifestado su preocupación por el uso de las criptomonedas en tráfico de drogas, financiación del terrorismo y lavado de dinero.

Bien sabemos que la descentralización y el pseudo-anonimato ligado a las mismas funcionan como armas de doble filo. Si bien han empoderado a los usuarios para transacciones más seguras e independientes, también han figurado entre los recursos de los criminales, aunque aún en menor medida que las monedas fiduciarias.

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