En el año 1990, en su camino hacia Júpiter, las cámaras del satélite Galileo enfocaron la Tierra registrando una serie de destellos de luz, similares a los producidos por los flashes de cámaras fotográficas, provenientes de la superficie terrestre.

Veinticinco años después, la cámara de imágenes policromáticas de la Tierra (EPIC) a bordo del Observatorio del Clima del Espacio Profundo (DSCOVR), un satélite ubicado en el espacio a aproximadamente 1,5 millones de kilómetros de nuestro planeta, confirmó los destellos, tanto en los océanos como en los continentes.

¿Por qué los asteroides peligrosos que se dirigen a la Tierra son difíciles de detectar?

Sin un origen claro

Inicialmente se pensó que tales destellos se debían al reflejo de la luz solar sobre los océanos, pero la evidencia registrada por DSCOVR demostraba que los destellos de luz no se limitaban a los cuerpos acuáticos, lo que causó una gran intriga en la comunidad científica, que se dispuso a investigar el origen de estos resplandores.

El Observatorio del Clima del Espacio Profundo (DSCOVR), es un satélite ubicado en el espacio profundo.

A tal efecto, un equipo de investigadores del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, analizó más de 800 destellos en imágenes registradas por DSCOVR, entre junio de 2015 y agosto de 2016, tomando en consideración la latitud, los ángulos y la absorción de oxígeno en la troposfera de la Tierra.

Lo que encontraron fue que los destellos detectados estaban limitados a puntos donde el ángulo entre el Sol y la Tierra es el mismo que el ángulo entre la nave espacial y la Tierra, de modo que la nave espacial podría captar la luz reflejada. Esto confirmó que la luz del Sol era la fuente de los misteriosos destellos.

Seguidamente, los científicos usaron ángulos para descubrir que el origen se los destellos era la luz solar reflejada en las partículas de hielo que se encuentran en un tipo de nube conocida como cirros, las cuales se forman en la troposfera superior.

No en los océanos, en las nubes

En cierto modo la explicación inicial era correcta; los destellos de luz observados en la superficie de la Tierra desde el espacio profundo, ciertamente eran el reflejo de la luz solar en el agua, solo que no se trataba del agua de los océanos, sino del agua congelada en las nubes.

Las cirros son la forma de nubes de alto nivel más común; son delgadas, tenues y están conformadas por cristales de hielo.

Esta información, además de resolver el misterio de los destellos, puede ayudar a los investigadores a averiguar con qué frecuencia se forman estos cristales de hielo en la troposfera, y ver si se pueden usar en los cálculos de cuánta energía solar se refleja en el espacio.

Así es como Plutón evita que su océano subsuperficial se congele

Pero este enfoque observacional también podría ayudar a los científicos a determinar si exoplanetas distantes tienen el mismo tipo de reflexión.

De ser así, implicaría la posible presencia de una atmósfera y de agua, indicadores claves para considerar al planeta en cuestión como un potencial hogar para las futuras generaciones de la humanidad.

Referencia: Terrestrial glint seen from deep space: Oriented ice crystals detected from the Lagrangian point. Geophysical Research Letters, 2017. http://dx.doi.org/10.1002/2017gl073248

Más en TekCrispy