Por lo que sabemos, los agujeros negros son los núcleos colapsados de estrellas muertas, y se distinguen por ser tan densos que nada, ni la luz, puede escapar de ellos; por lo tanto, además de su particular negrura, estos extraños objetos son bien conocidos por una propiedad en particular: todo entra, pero nada sale.

Si bien no fue sino hasta hace unas décadas que se obtuvo evidencia de su presencia, la teoría general de la relatividad predijo su existencia muchos antes, y de acuerdo a esas mismas leyes, así como existen los agujeros negros, en el universo también deberían existir los llamados agujeros blancos.

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Un antagonista

Como su nombre lo indica, un agujero blanco es lo opuesto a un agujero negro, y los astrofísicos han estado jugando con el concepto desde la década de 1970.

Una de las propuestas sostiene que toda la energía y materia absorbida por un agujero negro es expelida por un agujero blanco en cualquier otra parte del cosmos o en otro universo.

Así como en un agujero negro su fenomenal fuerza gravitatoria evita que nada escape, en un agujero blanco nada entra, y en contraste a los feroces succionadores de materia, los agujeros blancos estarían siempre expeliendo materia, por lo que serían objetos increíblemente brillantes e sumamente enérgicos, lanzando radiación al espacio a un ritmo furioso.

Si bien teóricamente su existencia es posible, nunca hemos observado un agujero blanco, y han surgido varias razones para explicar esto.

Una gran pregunta es, ¿cómo se formarían? Contamos con modelos plausibles de cómo se forman los agujeros negros, pero no ocurre lo mismo con sus antagonistas.

Investigaciones anteriores han sugerido a nivel teórico que los agujeros negros y los agujeros blancos están conectados, de modo que toda la materia y la energía absorbida en un agujero negro podrían emerger de un agujero blanco en cualquier otra parte del cosmos o en otro universo, y ambos agujeros estarían conectados por un agujero de gusano, también conocido como puente de Einstein-Rosen.

Posibilidades matemáticas

En el año 2014, Carlo Rovelli, físico teórico de la Universidad de Aix-Marsella en Francia sugirió que los agujeros negros y los agujeros blancos podrían conectarse de otra manera: cuando los agujeros negros mueren, pueden convertirse en agujeros blancos.

Se presume que los agujeros blancos serían objetos increíblemente brillantes e sumamente enérgicos que expelen radiación al espacio a un ritmo furioso.

Asumiendo que un agujero blanco surgió de alguna manera, si un agujero blanco ha existido alguna vez, probablemente dejó de existir con bastante rapidez. Si el universo tuviera agujeros blancos desde el principio, se habrían extinguido miles de millones de años antes de que la vida en la Tierra comenzara.

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Luego está la idea aparentemente descabellada de que el Big Bang era en sí mismo fue un agujero blanco supermasivo. Este concepto también se ha explorado matemáticamente, pero de nuevo, es algo muy teórico.

En todo caso estas son posibilidades matemáticas, pero en el universo real en el que estamos viviendo, no existe evidencia de la existencia de un agujero blanco, y si alguna vez se puede corroborar su presencia, eso implicaría la necesidad de replantearnos seriamente nuestra comprensión del universo.

Referencias:

Black hole fireworks: quantum-gravity effects outside the horizon spark black to white hole tunneling. Physical Review D, 2015. https://doi.org/10.1103/PhysRevD.92.104020

Out of the white hole: a holographic origin for the Big Bang. Journal of Cosmology and Astroparticle Physics, 2014. http://dx.doi.org/10.1088/1475-7516/2014/04/005

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