El hecho de que en medio de un concierto hayas pensado que la música está demasiado fuerte, no es una señal de envejecimiento. Esta respuesta podría ser la forma en que tu cuerpo te informa que corres el riesgo de sufrir daños auditivos.

Si después de haber abandonado el evento, y durante el día siguiente tienes un zumbido en los oídos (tinnitus) o sientes que tu capacidad auditiva no es la misma de costumbre, es posible que estés experimentado lo que se conoce como pérdida de audición inducida por ruido (NIHL, por sus siglas en inglés).

Audición afectada

La NIHL puede ocurrir después de una exposición a música fuerte, porque los ruidos extremadamente altos dañan las pequeñas células ciliadas en el oído interno, las cuales son las encargadas de detectar las ondas auditivas y generar las señales cerebrales que interpretamos como sonidos.

El efecto del ruido en nuestros oídos es acumulativo e irreversible, por lo que a lo largo de la vida el daño se acumula.

En general, la NIHL resultante de una sola exposición a ruidos muy fuertes o música es de corta duración y debe desaparecer en unos pocos días. Sin embargo, la exposición recurrente a ruidos fuertes puede hacer que el deterioro se convierta en permanente y provoque un zumbido en los oídos que no desaparece o una pérdida significativa de la audición.

La cantidad de daño que la música alta hace a la capacidad de una persona para escuchar, está determinada por dos factores: la intensidad de la música y el tiempo de exposición.

El volumen del sonido se mide en decibelios, una escala que es un tanto ilusoria porque es logarítmica, lo que significa que cada aumento de 10 en la escala indica que el sonido es dos veces más fuerte.

Para poner en contexto, el ruido del tráfico urbano, que ronda los 85 decibelios, es cuatro veces más alto que el sonido del habla normal, que es de 65 decibelios. El nivel de decibeles en los conciertos ordinarios es 115, lo que significa que estos niveles de sonido son diez veces más altos que el volumen de un discurso estándar.

Acumulativo e irreversible

Junto con el nivel del sonido, el segundo factor que determina la cantidad de daño que se hace es el tiempo de contacto, lo que los especialistas llaman el tiempo de exposición permisible.

En algunos conciertos se han registrado niveles de ruido que superan los 140 decibeles.

La pérdida de audición puede ocurrir al entrar en contacto con el sonido a 85 decibelios después de solo ocho horas. A 115 decibeles, el tiempo de exposición permisible antes de que corra el riesgo de pérdida auditiva es inferior a 1 minuto. Por lo tanto, los conciertos son de alto riesgo, ya que los niveles de sonido en algunos de ellos se han medido en más de 140 decibelios.

Lo que más preocupa, expresan los especialistas, es que el efecto del ruido en nuestros oídos es acumulativo, insidioso e irreversible, por lo que a lo largo de la vida, el daño se acumula.

Debido a que no hay formas de solucionar los problemas de audición inducidos por el ruido, la única solución es la prevención.

En tal sentido, limitar el volumen y la duración de la exposición a los sonidos extremadamente altos, son medidas que todos debemos considerar, ya que están orientadas a resguardar nuestra seguridad y la capacidad auditiva.

Referencia: Noise-induced hearing loss. Noise & Health, 2012. https://doi.org/10.4103/1463-1741.104893