Existe cierta confusión respecto al surgimiento de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer. Todos los años en torno a esta fecha se puede leer una historia que se ha popularizado a lo largo del tiempo, pero que, sin embargo, no se corresponde con la realidad. Haciendo gala de algunos tintes poéticos, muchos medios han narrado cómo el jefe de una fábrica textil en Nueva York, cansado de las protestas de sus trabajadoras, decidió prenderle fuego con ellas dentro el 8 de marzo de 1908. Pero las cosas no sucedieron exactamente así.

Entre los meses de septiembre de 1909 y febrero de 1910 tuvo lugar en Estados Unidos una huelga de trabajo en la industria textil, un sector con mayoría de trabajadoras. El paro se inició en la empresa Triangle Shirtwaist Company de Nueva York, y en los días sucesivos varias organizaciones de mujeres en diferentes ciudades se sumaron a la iniciativa. Las trabajadoras reclamaban una mejora en sus condiciones de trabajo, dominadas por largas jornadas, salarios miserables, abusos y precariedad.

“¡Hechos, no palabras!” Emmeline Pankhurst, destacada sufragista estadounidense.

En febrero de 1910 se puso fin a la huelga, tras un arbitraje entre la empresa y el sindicato que, sin embargo, no fue aceptado por la mayoría de las trabajadoras, al no ser atendidas sus demandas. De hecho, algunas cuestiones que figuraban entre las demandas, como la instalación de salidas de emergencia en la fábrica o la prohibición de mantener las puertas cerradas durante la jornada laboral, ni siquiera llegaron a discutirse en las negociaciones.

Un año después de su regreso al trabajo, en marzo de 1911, un incendio destruyó gran parte de las instalaciones de la fábrica Triangle y acabó con la vida de 146 personas, 123 de ellas eran mujeres migrantes europeas y la víctima más joven tenía 14 años. La prensa atribuyó el incendio a un trabajador que fumaba y el accidente constituyó el punto de partida de la campaña de la Liga Nacional de Mujeres Sindicalistas en favor de una legislación contra los incendios y de un aumento en la protección de las trabajadoras y los trabajadores.

No hay duda del protagonismo de las trabajadoras textiles en las reivindicaciones feministas durante los primeros años del siglo XX, aunque el origen del Día de la Mujer se encuentra más ligado al movimiento sufragista y a los partidos socialistas de Estados Unidos y Europa, especialmente al Partido Socialista Norteamericano, que instauró la celebración del Woman’s Day para reivindicar el derecho al voto de las mujeres y protestar contra la esclavitud sexual.

El origen del color morado

El afán poético de la popular historia mencionada al inicio alcanza, sin duda, su momento culmen al hablar del origen de la asociación del color morado con el movimiento feminista.

Quienes narran que fue el jefe el que prendió fuego a su propia fábrica con las trabajadoras en su interior como represalia por las protestas, aducen también que el humo producido por el incendio tiñó el cielo de morado, en una estampa apreciable a kilómetros de distancia, debido a que ese era el color de las prendas que allí se fabricaban.

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Fuego fatuo. La realidad es que el color morado fue uno de los elegidos para representar el movimiento sufragista, que se inició en Gran Bretaña a finales del siglo XIX, y desde entonces se asocia con la lucha feminista.

“El color púrpura es el de la lealtad, la constancia hacia el propósito, la firmeza inquebrantable hacia una causa”, periódico The Suffragist (1913)

A mediados del siglo XIX, las mujeres de clase media comenzaron a adquirir conciencia de su situación de dependencia respecto al hombre en todos los ámbitos de la vida, una realidad recogida en la legislación y avalada por la sociedad en su conjunto.

Las sufragistas eran la rama militante de aquellas activistas que reclamaban el voto femenino, conocidas por las acciones violentas que solían acompañar sus actos de protesta. En 1908 más de medio millón de activistas se reunieron en Hyde Park para exigir el sufragio universal, pero, ante la indiferencia del gobierno, comenzaron a intensificar sus acciones a partir de 1909.

En un primer momento, el Daily Mail bautizó despectivamente el movimiento como suffragette, un término que las sufragistas terminaron por apropiarse para alegar que lograrían el voto sufriera quien sufriera.

El símbolo del triángulo…¿sí o no?

Otro de los símbolos más característicos del movimiento feminista es el triángulo que suele representarse con las manos. Hay quienes consideran que se trata de una resignificación del triángulo invertido de color negro que usaba el régimen nazi para marcar a aquellas mujeres que no se ajustaban al prototipo reproductor de la raza aria, es decir, mujeres no normativas, lesbianas, feministas, prostitutas…

Sin embargo, este distintivo a menudo se identifica también con la vagina, motivo por el cual su uso ha sido criticado por colectivos y asociaciones trans. Se cree que pudo haber surgido espontáneamente en un congreso realizado en parís en 1971, en el que una activista italiana quiso contraponer el gesto al puño en alto mostrado por los hombres como una forma de distanciarse de su manera de concebir lo político. El pasado año, con motivo del 8 de marzo, el colectivo Artemisa recomendaba evitar su uso, abogando por desgenitalizar la identidad de género.

Más allá de su origen, que no está de más conocer, los gestos y raíces del feminismo nos han traído hasta donde hoy nos encontramos y han convertido al movimiento, con sus debates y complejidades, en una revolución integradora, potente y tremendamente necesaria.
Este artículo fue publicado originalmente en Hipertextual.

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