La capacidad de sincronizar una respuesta motora con el sonido ambiental, por ejemplo, cuando movemos nuestros pies o la cabeza al ritmo de una canción, es un rasgo básico presente en los humanos desde el nacimiento, y aunque muchos podrían considerarlo como algo intrascendente, se trata de una acción con importantes implicaciones cognitivas.

El estudio de este atributo distintivo se ha centrado típicamente en cómo los movimientos del cuerpo son arrastrados por señales rítmicas y musicales, pero en lo que respecta al habla, el entendimiento actual es limitado.

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Buenos y malos sincronizadores

A fin de abordar esta cuestión, un equipo de investigadores realizó un estudio en el que se examinó el vínculo entre los ritmos motores (movimientos coordinados de la lengua, los labios y la mandíbula que construyen el habla) y las señales de audio del habla.

Los autores analizaron los datos de resonancias magnéticas llevadas a cabo en los participantes.

Para el estudio, los investigadores diseñaron una tarea aparentemente fácil: durante un minuto, los participantes tuvieron que escuchar una secuencia rítmica (“la”, “di”, “fum”), y al mismo tiempo, tenían que susurrar “tah”.

Los resultados de estas pruebas, realizadas en más de 300 sujetos de estudio, mostraron un patrón inesperado: la población se divide en dos grupos. Mientras que algunas personas sincronizan espontáneamente sus susurros con esa secuencia (buenos sincronizadores), otras no experimentaron ningún efecto del ritmo externo (malos sincronizadores).

Dados estos patrones diferentes, los investigadores estudiaron si estas variaciones tenían implicaciones en la organización y el comportamiento del cerebro.

Para estudiar las diferencias fisiológicas, los autores analizaron los datos de resonancias magnéticas llevadas a cabo en los participantes mediante una técnica que permite la reconstrucción de las fibras de materia blanca que conectan las diferentes regiones del cerebro.

Las neuroimágenes revelaron que los buenos sincronizadores tienen más materia blanca en las vías que conectan áreas de percepción del habla (escuchar) con áreas de producción del habla (hablar).

Otras vías

Adicionalmente, basándose en un protocolo de magnetoencefalografía para registrar la actividad neuronal entre los participantes mientras escuchaban las secuencias rítmicas, los investigadores encontraron que los buenos sincronizadores mostraron una mayor alineación de estímulo cerebral que el otro, y lo hicieron en el área del cerebro involucrada en la planificación motora del habla.

La capacidad de sincronizar una respuesta motora con el sonido ambiental, como cuando movemos nuestros pies al ritmo de una canción, es un rasgo básico presente en los humanos desde su nacimiento.

Por último, los científicos probaron si ser un buen o mal sincronizador predice qué tan bien las personas aprenden nuevas palabras. Específicamente, estudiaron la capacidad de identificar un sonido como una palabra, incluso sin conocer su significado.

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Los resultados mostraron que los participantes catalogados como buenos sincronizadores aprendían mejor estas palabras que los malos sincronizadores.

Los autores del estudio manifestaron que en conjunto, estos hallazgos, además de aportar una mejor comprensión de este atributo, ofrecen métodos potenciales para el diagnóstico de aflicciones relacionadas con el habla, así como evaluar el desarrollo cognitivo-lingüístico en los niños.

Referencia: Spontaneous synchronization to speech reveals neural mechanisms facilitating language learning. Nature Neuroscience, 2019. https://doi.org/10.1038/s41593-019-0353-z

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