Bien sea un helado, un paquete de galletas o una barra de chocolate, comer bocadillos azucarados es una de las reacciones más frecuentes ante situaciones angustiantes.

Investigaciones han encontrado que la respuesta biológica que subyace a este comportamiento, se sustenta en el hecho de que el consumo de azúcar produce una disminución del cortisol, la llamada hormona del estrés.

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Requerimientos energéticos

Estos hallazgos experimentales apoyan una vía de retroalimentación metabólica-cerebral que se ve afectada por el azúcar, la cual puede hacer que algunas personas bajo estrés se enganchen más al consumo de bocadillos.

La sensación de calma que producen los bocadillos azucarados en los centros de placer del cerebro dura muy poco tiempo.

Si bien este consumo de bocadillos azucarados satisface los requerimientos energéticos que demanda el cerebro en estas situaciones, incrementa la vulnerabilidad a la obesidad y sus afecciones relacionadas.

Muchas personas buscan un carbohidrato dulce cuando están molestas y asumen que se sienten mejor después de comerlo porque sus papilas gustativas están muy felices.

Cuando una persona está estresada, tiene altos niveles de cortisol, y desea comer bocadillos azucarados porque su consumo produce otra hormona llamada serotonina, que tiene un efecto calmante y alivia la ansiedad.

El placer sensorial que proporciona un brownie es innegable, pero la sensación en la lengua y en los llamados centros de placer del cerebro, dura muy poco tiempo. El efecto real sobre el estado de ánimo se produce tal vez 10 o 15 minutos más tarde y dura unos pocos segundos.

Si bien ningún alimento, sin importar cuán delicioso sea, resolverá la situación que está generando el estrés, al menos puede aportar un poco de calma, suficiente para comenzar a pensar en una solución.

El problema es el exceso

Pero si no puede evitar la sensación de ansiedad, los niveles de cortisol probablemente se mantendrán altos, lo que llevará a querer comer más y más.

Comer bocadillos azucarados es una de las reacciones más frecuentes ante situaciones angustiantes.

Desafortunadamente, rara vez se buscan bocadillos saludables como palitos de zanahoria. En cambio, se prefiere el tipo de alimentos que complacen el sistema de recompensas del cerebro: los bocadillos azucarados.

El punto es que el consumo en exceso de este tipo de alimentos es perjudicial para la salud en general.

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Si una persona consume mucha azúcar, el cuerpo debe lidiar con estos excesos de glucosa, lo que generalmente lleva a dos escenarios: por un lado, la acumula en tejido adiposo, lo que conduce al sobrepeso y la obesidad, y por el otro, trata de reducirla produciendo niveles extras de insulina, lo que puede favorecer el desarrollo de diabetes tipo 2.

Pero esto no significa una condena obligatoria; la ansiedad asociada al estrés se puede canalizar de otras maneras, y en vez de recurrir a los bocadillos, se pueden intentar otros enfoques como la meditación, hacer ejercicio o practicar un pasatiempo relajante como el yoga.

Referencias:

Stress and Food Choice: A Laboratory Study. Psychosomatic Medicine, 2000. https://goo.gl/ZaBM5u

Sugar for the brain: the role of glucose in physiological and pathological brain function. Trends in Neuroscience, 2013. https://dx.doi.org/10.1016%2Fj.tins.2013.07.001

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