Tras décadas de investigación, queda bastante claro que nuestra capacidad de atención tiene ciertas limitaciones. Esto significa que, en realidad, solo tenemos la capacidad de procesar una pequeña cantidad de estímulos que llegan a nuestros sentidos en un momento determinado.

No obstante, en ocasiones, tenemos el potencial de procesar ciertos estímulos de forma inconsciente. Por ejemplo, se ha demostrado que es más probable que una persona escuche y reconozca su nombre en un espacio bullicioso, en comparación a cualquier otro sonido.

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Ahora, de acuerdo a los resultados de un estudio reciente, tenemos la capacidad de procesar imágenes de nuestra propia cara, aunque realmente no nos demos cuenta de ello.

Procesamos estímulos de forma inconsciente

Numerosas investigaciones han demostrado que el cerebro humano, a pesar de su limitada capacidad de atención, es capaz de procesar estímulos simples de forma inconsciente. No obstante, no se ha probado esta posibilidad respecto a estímulos más complejos, como nuestra propia cara.

Con el objetivo de comprobar esto, un equipo de investigadores diseñó un experimento. En este, los participantes debían prestar atención a una cruz presentada en el centro de una pantalla de una computadora, al mismo tiempo que aparecían distintos rostros a cada lado de este estimulo.

Específicamente, de un lado se mostraba la cara del propio participante, mientras que del otro lado aparecían rostros extraños. No obstante, se les solicitó a los participantes que centraran su atención en la cruz y que ignoraran el resto de los estímulos.

Así, en la mitad de los ensayos las imágenes eran fáciles de reconocer, mientras que, en el resto, las imágenes se presentaron de forma tan rápida, que se mostraban difusas. Adicionalmente, en estos ensayos, las caras eran seguidas de patrones aleatorios que las hacían aún más difíciles de procesar.

Asimismo, al tiempo que cumplían la tarea experimental, los participantes fueron sometidos a un electroencefalograma, con el objetivo de mantener un registro de su actividad cerebral.

De esta forma, se observó que, los participantes, de forma automática e inconsciente, prestaban atención a las imágenes de su cara al aparecer en la pantalla, a pesar de que se les solicitó que no lo hicieran.

A pesar de las limitaciones cognitivas, reconocemos nuestra cara inconscientemente

Tal como reconocemos nuestro nombre en un espacio bullicioso, podemos reconocer nuestra propia cara de forma inconsciente.

Luego de analizar los resultados, los registros de la actividad cerebral de los participantes revelaron que, de forma inconsciente, somos capaces de procesar imágenes de nuestra cara, aunque no nos demos cuenta.

Esto concuerda con otras investigaciones que sugieren que el cerebro humano procesa estímulos de forma prioritaria si estos hacen referencia a la persona sometida a evaluación, bien sea el nombre o la cara.

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En la misma línea, se demostró que las personas centran su atención en su propia cara de forma inconsciente. Esto sugiere que tenemos la capacidad de reconocer nuestra propia cara, aunque no nos demos cuenta de ello. En otras palabras, los resultados indican que la consciencia no es necesaria en lo que al reconocimiento de nuestras propias caras respecta.

Finalmente, los investigadores sugieren ampliar el alcance del estudio incluyendo rostros conocidos, con el objetivo de analizar si la familiaridad de la cara expuesta atrae la atención de las personas de forma inconsciente, tal como ocurre cuando se presenta la propia cara de los participantes.

Referencia: Unconscious Detection of One’s Own Image, (2019). https://doi.org/10.1177/0956797618822971

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