De color gris y una mácula blanca en la parte inferior de su cuerpo con forma de torpedo, el gran tiburón blanco (Carcharodon carcharias) puede alcanzar 6 metros de largo, pesar más de 3 toneladas y sumergirse a 1.200 metros de profundidad.

Capaz de inspirar temor y admiración al mismo tiempo, el gran tiburón blanco, uno de los depredadores más temibles de los océanos del mundo, es una criatura formidable que tiene un sorprendente desarrollo evolutivo que lo ha hecho prácticamente indestructible.

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Desentrañar secretos genéticos

Los tiburones representan una historia de éxito evolutivo que les ha permitido prosperar durante más de 400 millones de años, mucho más que los 300 mil años de nuestra especie.

Los investigadores encontraron adaptaciones en los genes involucrados en preservar la integridad del genoma, por lo que los tiburones blancos tienen una tasa de cáncer muy inferior a la esperada.

Además de su gran masa y sus sobresalientes habilidades de depredador, el gran tiburón blanco tiene un muy bajo riesgo a desarrollar cáncer y otras enfermedades, así como alta respuesta curativa, por lo que los científicos están muy ansiosos por explorar su genoma con la esperanza de desentrañar los secretos genéticos que confieren estas notables cualidades.

Con ese propósito, un equipo internacional de científicos ha descifrado todo el genoma del gran tiburón blanco, un logro que podría ayudarnos a combatir mejor el cáncer y aprender más sobre las extraordinarias capacidades de curación que caracteriza a estas magníficas criaturas.

En el estudio, los investigadores detectaron numerosos rasgos genéticos que ayudan a explicar el notable éxito evolutivo del tiburón blanco, incluidas adaptaciones moleculares que mejoran la curación de heridas y la estabilidad genómica, así como la reparación y la tolerancia al daño del ADN.

Los grandes tiburones blancos tienen genomas gigantes, con 41 pares de cromosomas compuestos por más de 4.600 millones de pares de bases de ADN. A modo de comparación, los humanos tenemos 23 pares de cromosomas con aproximadamente 3 mil millones de pares de bases.

Dentro de esta enorme cantidad de código genético, el equipo encontró genes responsables de su resistencia y durabilidad. Uno de estos genes es responsable de la notable capacidad de curarse rápidamente, lo que permite el rápido crecimiento de nuevas células y coágulos inmediatamente después de una lesión.

Estabilidad genómica

Adicionalmente, los investigadores encontraron que el gran tiburón blanco cuenta con un mecanismo que lo protege contra enfermedades como el cáncer y enfermedades relacionadas con la autoinmunidad y la edad.

El gran tiburón blanco es uno de los depredadores más temibles de los océanos del mundo.

El gran tamaño del genoma del tiburón blanco, así como su gran tamaño corporal, en teoría, deberían promover una alta incidencia de inestabilidad genómica, lo que incrementaría el riesgo de desarrollar cánceres como resultado de los errores de copia genética, lo que se ve agravado por su relativamente larga vida (70 años).

Pero de manera sorprendente, el caso de los tiburones blancos parece ser todo lo contrario; gracias a las adaptaciones en los genes involucrados en preservar la integridad del genoma, tienen una tasa de cáncer inferior a la esperada en función de su tamaño, longevidad y composición genética.

Ayuda para los humanos

En cuanto a las implicaciones, Mahmood Shivji, director del Centro de Investigación de Tiburones Save Our Seas Foundation, catedrático en el Instituto de Investigación Guy Harvey en la Universidad Nova Southeastern en Florida y coautor del estudio, indicó:

“Este conocimiento, además de proporcionar información sobre cómo funcionan los tiburones en su nivel más fundamental, sus genes, también puede ser útil en aplicaciones posteriores a la medicina humana para combatir los cánceres y las enfermedades relacionadas con la edad que resultan de la inestabilidad del genoma”.

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Los autores del estudio manifiestan que, si bien la capacidad del gran tiburón blanco para proteger su genoma puede ayudar a los humanos a hacer lo mismo, llevará años incorporar estos hallazgos a entornos clínicos.

No obstante, señalan los investigadores, la secuenciación completa del genoma del gran tiburón blanco representa el primer paso en ese camino.

Referencia: White shark genome reveals ancient elasmobranch adaptations associated with wound healing and the maintenance of genome stability. PNAS, 2019. https://doi.org/10.1073/pnas.1819778116

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