Muchos adolescentes duermen menos de las ocho a diez horas de sueño recomendadas por noche. Sin embargo, no está claro si complementar un sueño nocturno corto con una siesta en la tarde es tan bueno como tener la misma cantidad de sueño continuamente durante la noche sin una siesta.

En este sentido, investigadores de la Escuela de Medicina de Duke-NUS, una colaboración de la Universidad de Duke y la Universidad Nacional de Singapur, realizaron un estudio cuyos resultados demostraron que estos diferentes horarios de sueño pueden tener efectos diferentes en la cognición y los niveles de glucosa.

Sueño en dos ciclos

Para el estudio, el equipo de investigadores midió el rendimiento cognitivo y los niveles de glucosa en estudiantes de 15 a 19 años, durante dos semanas escolares simuladas con sueño corto en días escolares y sueño de recuperación los fines de semana.

En condiciones de restricción de sueño, los participantes que tomaron la siesta mostraron un mejor rendimiento cognitivo, aunque se evidenció un efecto negativo en sus niveles de glucosa.

En los días escolares, estos estudiantes recibieron un sueño continuo de 6,5 horas por la noche o sueño en dos ciclos: un sueño nocturno de 5 horas continuas, más una siesta de 1,5 horas por la tarde.

Inicialmente, los investigadores encontraron que en comparación con poder dormir 9 horas por noche, tener solo 6,5 horas para dormir en 24 horas degrada el rendimiento y el estado de ánimo, un efecto esperado.

Curiosamente, en condiciones de restricción de sueño, los estudiantes en el grupo de sueño dividido mostraron un mejor estado de alerta, vigilancia, memoria de trabajo, función ejecutiva, mayor velocidad de procesamiento, menor nivel de somnolencia subjetiva y un estado de ánimo más positivo que sus contrapartes que durmieron 6,5 horas seguidas.

Niveles de glucosa

Sin embargo, para la tolerancia a la glucosa, el sueño continuo parecía ser mejor.

Los resultados de la investigación recalcan la importancia de tener la cantidad de sueño nocturno recomendado.

Mientras que el grupo de jóvenes que tuvieron 6,5 horas de sueño nocturno no vieron afectados sus niveles de glucosa, el grupo de sueño dividido demostró un aumento significativo en 2 de 3 niveles de glucosa en la sangre durante el tiempo del estudio.

Al respecto, el doctor Joshua J. Gooley, profesor de neurociencia y trastornos del comportamiento en el Centro de Neurociencia Cognitiva de la Escuela de Medicina Duke-NUS y coautor del estudio, expresó:

“Esta investigación nos permitió observar que en los adolescentes, una modesta restricción del sueño durante varias noches tuvo efectos divergentes en el rendimiento cognitivo y los niveles de glucosa, según la forma en que se distribuyó el sueño restringido”.

Los autores resaltan que los resultados del estudio ponen de relieve la importancia que tiene, tanto para adolescentes como para la población en general, obtener la cantidad recomendada de sueño nocturno.

Referencia: Differential Effects of Split and Continuous Sleep on Neurobehavioral Function and Glucose Tolerance in Sleep-Restricted Adolescents. Sleep, 2019. https://doi.org/10.1093/sleep/zsz037