Todas las relaciones humanas implican alguna forma de costo y beneficio, y el altruismo forma la base sobre la cual se construyen tales relaciones. Pero desde la perspectiva evolutiva, las conductas altruistas han desconcertado a los científicos por siglos.

Los esfuerzos para resolver el rompecabezas evolutivo del altruismo tienen una larga historia, y con el propósito de aportar nuevas piezas esclarecedoras en este sentido, un equipo de investigadores de la Universidad de California en Santa Bárbara (UCSB), realizó un estudio que examinó cómo la genética y la actividad cerebral de un individuo se correlacionan con conductas altruistas hacia su pareja romántica.

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Escaneando la actividad cerebral

Para tal fin, los investigadores reclutaron a 9 parejas de recién casados y evaluó a cada uno de los participantes para detectar dos variantes genéticas, una relacionada con la sensibilidad a la oxitocina y otra relacionada con la sensibilidad a la vasopresina, dos neuroquímicos implicados tanto en el amor como en el altruismo.

Los investigadores encontraron que el altruismo está profundamente arraigado en nuestro marco evolutivo, neuronal y genético.

Inicialmente, los participantes respondieron un cuestionario, en el que se preguntó sobre los sentimientos hacia su pareja y otras personas, lo que proporcionó una medida de los niveles generales de empatía y altruismo de cada participante.

Posteriormente, usando imágenes de resonancia magnética funcional, los investigadores escanearon la actividad cerebral de los participantes mientras se les mostraban imágenes de rostros felices o tristes de la pareja, de un extraño o de un conocido neutral.

A fin de provocar una respuesta emocional, los investigadores explicaron lo que la persona en la imagen estaba sintiendo en ese momento y por qué.

Las imágenes revelaron actividad en la amígdala y el pálido ventral, regiones del cerebro asociadas con la emoción y la memoria emocional, cuando los participantes sintieron un fuerte sentimiento de empatía con la persona mostrada en la imagen.

Estas áreas del cerebro, tienen una concentración particularmente densa de receptores para la oxitocina y la vasopresina, lo que corrobora la correlación de estos neurotransmisores en la empatía y el altruismo.

Genética implicada

Además, los individuos con variaciones genéticas que los hicieron más sensibles a estos neuroquímicos, mostraron respuestas emocionales más fuertes en todos los ámbitos, confirmando la participación del marco genético en estas respuestas.

Más allá del amor romántico, las parejas viven largas vidas juntas y se cuidan mutuamente hasta la vejez, conductas en las que es fundamental el altruismo.

Los investigadores también encontraron que las regiones cerebrales que se activaban específicamente en respuesta a la cara de su pareja, eran las mismas regiones que resultaron ser críticas en otros animales durante estudios de unión de pareja y apego.

Esta observación, explican los autores, sugiere que nuestros cerebros tienen profundas y antiguas vías dedicadas específicamente a los comportamientos relacionados con el apego.

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En referencia a los resultados, la investigadora Bianca Acevedo, científica afiliada al Instituto de Investigación de Neurociencias de la UCSB y coautora del estudio, explicó:

“Cuando las personas piensan en las relaciones, tienden a pensar que el amor romántico es lo más importante. Pero olvidan otras razones básicas e importantes por las que las personas están juntas, como cuidarse mutuamente.”

No hay que olvidar que más allá del amor romántico, las parejas viven largas vidas juntas; muchas crían a sus hijos y se cuidan mutuamente hasta la vejez, y el altruismo, como protagonista de estos comportamientos, está profundamente arraigado en nuestro marco evolutivo, neuronal y genético.

Referencia: Beyond romance: Neural and genetic correlates of altruism in pair-bonds. Behavioral Neuroscience, 2019. http://dx.doi.org/10.1037/bne0000293

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