En lo que al sentido del olfato respecta, la mayoría de las personas cree que el único órgano involucrado es la nariz. Sin embargo, numerosas investigaciones han demostrado que el sentido del gusto y del olfato están tan relacionados, que podrían formar parte de los mismos procesos.

Ahora, luego de un experimento con ratas, un equipo de investigadores sugiere que la boca participa en el proceso de percepción de los olores, ayudándonos a decidir si un alimento huele delicioso o no.

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Olfato retronasal y ortonasal

El proceso olfativo se produce a partir de dos procesos. El primero, llamado olfato ortonasal es aquel que se produce cuando inhalamos un olor por la nariz. Por su parte, el olfato retronasal, se produce cuando masticamos algún alimento o alguna bebida y los olores se liberan dentro de la boca.

A su vez, estos olores viajan desde la garganta hasta la nariz, donde las células receptoras del olfato procesan las moléculas de olor y envían la información a la corteza olfativa. Si bien este proceso es de suma importancia, la mayoría de las personas no notan el olfato retronasal.

A fin de investigar este fenómeno, un equipo de investigadores desarrolló un experimento. Para ello, expusieron a un grupo de ratas a olores agradables y neutrales. Mientras unas ratas recibieron los olores por la nariz, el resto de los roedores los recibió de forma retronasal.

Específicamente, los investigadores inyectaron líquidos directamente en la boca de las ratas, con el objetivo de activar el olfato retronasal. Posteriormente, las ratas fueron colocadas en una cámara donde podían escoger recibir un chorro de olor directamente hacia la nariz. La idea era que las ratas que habían desarrollado preferencias por los olores, eligieran el chorro de olor.

De esta manera, se observó que las ratas que experimentaron los olores de forma retronasal prefirieron el chorro de olor de forma más rápida que aquellas que recibieron el olor de forma ortonasal. Estas últimas, necesitaron hasta dos exposiciones adicionales al olor antes de desarrollar preferencias.

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Para determinar qué alimentos huelen bien, primero nos gustan de forma retronasal y luego de manera ortonasal.

Luego del experimento, se observó que las ratas desarrollaron preferencias hacia el olor agradable de forma más rápida cuando este fue experimentado de forma retronasal, en comparación con las que lo hicieron ortonasalmente. Esto sugiere que el proceso retronasal es dominante respecto al ortonasal.

En otras palabras, para determinar qué alimentos huelen bien, primero nos gustan de forma retronasal y, posteriormente, se produce un condicionamiento en el sistema ortonasal, de forma que desarrollamos una preferencia por estos olores.

Al respecto, los investigadores explican que esto tiene sentido desde una perspectiva evolutiva ya que hay alimentos que pueden oler bien, a pesar de ser dañinos, por tanto, comer los alimentos antes de desarrollar preferencias por sus olores, podría tener una ventaja para la supervivencia.

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Adicionalmente, los investigadores demostraron que inhibir las estructuras cerebrales asociadas al sentido del gusto, elimina el olfato retronasal, lo que sugiere que estas áreas se encargan de procesar tanto el sentido del gusto como el olfato retronasal.

Finalmente, los investigadores plantean que es importante tener presente que esto solo funciona en lo que a la alimentación respecta. En otros casos, como oler ciertos aromas del entorno, diferentes estructuras cerebrales procesan el sentido del gusto y del olfato de forma independiente.

Referencia: Retronasal Odor Perception Requires Taste Cortex, but Orthonasal Does Not, (2019). https://doi.org/10.1016/j.cub.2018.11.011

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