Realizar un viaje en avión con un bebé es una experiencia que puede resultar desafiante tanto para el niño como para sus padres y el resto de los tripulantes de la aeronave. Una variedad de sensaciones físicas inusuales, los espacios confinados y una gran cantidad de extraños alrededor, pueden afectar la salud y el estado emocional del infante.

Si bien el desconocido entorno que representa la cabina de un avión puede propiciar reacciones adversas en los pequeños, es particularmente durante el despegue y el aterrizaje de la aeronave cuando se producen los llantos de mayor intensidad.

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Ecualizando la presión

Para los bebés y niños pequeños, los bruscos cambios de presión involucrados en el ascenso y descenso del avión, son difíciles de soportar. Incluso los adultos sienten incomodidad en estos momentos.

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Este es el efecto del trabajo de trompa de Eustaquio, un canal auditivo que conecta el oído medio con la nasofaringe, la parte superior de la garganta y la parte posterior de la cavidad nasal, el cual se encarga de equilibrar las diferencia de presión en la cavidad del oído medio y el entorno.

Como explica el doctor Simon Baer, cirujano especialista en oído, nariz y garganta:

“Ciertamente, una de las principales razones por las que los bebés lloran en los aviones es que no son buenos en la ecualización de la presión en el oído medio, ya que la trompa de Eustaquio infantil generalmente no funciona tan bien como la de los adultos.”

Si el tubo auditivo no cumple efectivamente con esta función, se produce un dolor de oído y un deterioro de la audición (hasta una pérdida temporal). En un recién nacido, las diferencias abruptas de presión pueden provocar inflamación y otitis.

La mayor parte del tiempo la trompa de Eustaquio permanece cerrada, abriéndose solo para actividades como bostezar, tragar y masticar, lo que permite que el aire pase a través del pasaje entre el oído medio y la nasofaringe.

Tragar y masticar

Cuando la presión atmosférica cambia rápidamente, causando la repentina sensación de bloqueo en el oído, la mayoría de los adultos inmediatamente bostezan o tragan a propósito para abrir el tubo e igualar la presión dentro del oído medio, pero los niños no reaccionan de la misma manera.

Realizar un viaje en avión con un bebé es una experiencia que puede resultar desafiante tanto para el niño como para sus padres y el resto de los tripulantes de la aeronave.

Es por esto que se aconseja que los padres procuren una actividad que involucre tragar o masticar, como suministrar un biberón o chupete, así como amamantarlos, debido a que los movimientos de deglución ayudarán a eliminar el espasmo del tubo auditivo y reducir las molestias.

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Por otra parte, los resfriados, infecciones virales y cualquier otra afección respiratoria que involucre congestión nasal empeoran el rendimiento del canal auditivo, lo que acentúa aún más el efecto del vuelo en los oídos.

Esta es la razón por la que los pediatras advierten a los padres sobre los riegos de volar con bebés, incluso con un pequeño resfriado, ya que existe una alta probabilidad de que se desarrolle otitis después del vuelo.

Referencias:

Physiology, Eustachian Tube Function. NCBI, 2018. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK532284/

Crying babies on planes: Aeromobility and parenting. Annals of Tourism Research, 2014. https://doi.org/10.1016/j.annals.2014.04.009

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