Entre los consumidores habituales de bebidas alcohólicas existe una muestra de sabiduría popular, por llamarla de alguna forma, que reza que beber cerveza antes de tomar vino, previene la resaca. En consonancia con esto, se plantea que tomar vino antes de beber cerveza, podría exacerbar los síntomas de la resaca.

Sin embargo, luego de llevar a cabo un experimento, un equipo de investigadores sugiere que esto podría no ser tan cierto como se cree. A grandes rasgos, los investigadores plantean que los mejores predictores de la intensidad de la resaca giran en torno al nivel del estado de embriaguez y qué tan enfermo te hizo sentir el alcohol.

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¿Cerveza antes del vino o vino antes de la cerveza?

Contrario a lo que muchos pudiesen pensar, no existen formas científicamente comprobadas de prevenir la resaca. Si las personas se exceden al consumir alcohol, indudablemente, al día siguiente experimentaran al menos algunos de los síntomas clásicos de la resaca: dolor de cabeza, náuseas, fatiga, entre otros.

Al respecto, no son pocas las muestras de sabiduría popular que pretenden orientar a las personas para evitar la resaca. Uno de ellos indica que beber cerveza antes de tomarse unas copas de vino podría evitar la resaca. En contraposición a ello, se plantea que invertir este orden podría empeorar los síntomas al día siguiente.

Ciencia versus sentido común

Decididos a comprobar esto, un equipo de investigadores llevó a cabo un experimento con 90 personas sanas, de entre 19 a 40 años, que fueron invitados a consumir altas cantidades de alcohol a favor de la ciencia.

Específicamente, se conformaron tres grupos. El primero de ellos consumió, en promedio, dos botellas y media de cerveza con un grado alcohólico del 5% cada una, seguidas por cuatro copas grandes de vino, con un contenido alcohólico de 11% cada una.

El segundo grupo, consumió la misma cantidad de alcohol, pero el orden fue invertido; es decir, primero bebieron el vino y luego la cerveza. Por su parte, los participantes del tercer grupo solo consumieron cerveza o vino. En tanto esto ocurría, los investigadores evaluaban constantemente el estado de embriaguez de los participantes.

Posteriormente, los participantes pasaron la noche en el laboratorio, bajo supervisión médica. Así, la mañana siguiente se evaluó la intensidad de la resaca y se calificó su malestar sobre la base de la cantidad y la gravedad de los síntomas que presentaban.

Una semana después, los participantes regresaron al laboratorio para repetir el experimento. En este caso, los participantes de los primeros dos grupos invirtieron el orden de las bebidas y los participantes que bebieron vino en el grupo tres, consumieron cerveza, mientras que los que ingirieron cerveza, tomaron vino esta vez.

Tras esto, se descubrió que, independientemente del orden de las bebidas, aquellos que habían excedido sus límites de consumo de alcohol, experimentaron síntomas de resaca de intensidad similar.

No, el orden de consumo de las bebidas alcohólicas no influye sobre la intensidad de la resaca

Una vez más, la ciencia contradice la sabiduría popular.

Tal como demostraron los investigadores, el orden de las bebidas no influye sobre la intensidad de la resaca resultante tras el consumo excesivo de alcohol. En otras palabras, no hay manera de evitar la resaca al favorecer el orden de consumo de una bebida alcohólica por encima de la otra.

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En este caso, solo dos elementos predijeron la intensidad de la resaca de los participantes: el nivel del estado de embriaguez percibido y si la persona vomitaba luego de consumir alcohol. Específicamente, los vómitos y las puntuaciones más altas en la escala de embriaguez, se asociaron a una resaca de mayor intensidad.

Por tanto, podría decirse que el orden de los factores no altera el producto. Sin embargo, es de tener en cuenta que los investigadores usaron únicamente cerveza tipo lager y vino blanco, por lo que no se tiene certeza respecto a si esto se aplica a otros tipos de alcohol.

Referencia: Grape or grain but never the twain? A randomized controlled multiarm matched-triplet crossover trial of beer and wine, (2019). https://doi.org/10.1093/ajcn/nqy309

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