Estando en pleno siglo XXI, aún sorprende que se mantengan prácticas barbáricas como la mutilación genital femenina, también llamada ablación. A grandes rasgos, la mutilación genital femenina consiste en una serie de procedimientos a partir de los cuales se extirpan, bien sea parcial o totalmente, los genitales femeninos por razones distintas a las médicas.

En general, esta práctica se emplea como un medio para ejercer control sobre la sexualidad femenina, afectando a más de 140 millones de niñas y mujeres a lo largo de la historia en todos los continentes.

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Como si no fuese suficiente, se estima que, anualmente, tres millones de niñas son sometidas a la fuerza a esta práctica, en la que se realizan cortes sin anestesia, con instrumentos inadecuados, aumentando los riesgos de peligrosas consecuencias para la salud.

Siendo hoy el Día Mundial de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, te presentamos todo lo que necesitas saber sobre esta práctica.

¿Cuál es el origen de la mutilación genital femenina?

La ablación se realiza con instrumentos inadecuados, aumentando los riesgos de peligrosas infecciones.

A ciencia cierta, no se tiene total certeza sobre el origen de la mutilación genital femenina. En este caso, siendo una práctica que aparece en un sinnúmero de culturas, que abarcan desde tribus aborígenes australianas hasta sociedades indígenas latinoamericanas, resulta complejo conocer cómo, por qué y donde se inició.

Al respecto, los expertos plantean que la teoría más difundida sitúa el origen de esta práctica en el Egipto faraónico. En este sentido, en un papiro griego fechado en el año 163 antes de Cristo, se menciona que este procedimiento se les realizaba a las niñas en Memphis, Egipto, cuando alcanzaban la edad para recibir su dote. Esto respalda la idea de que la mutilación genital femenina se originó como un ritual de iniciación para las mujeres jóvenes.

Así, se plantea que las principales razones del inicio de esta práctica incluyen principios morales y sociales, además de rituales. Poco a poco, la mutilación genital femenina fue extendiéndose y manteniéndose, hasta llegar a Occidente.

Por ejemplo, en el siglo XIX, no eran raros estos procedimientos tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos, donde se realizaban clitoridectomías como tratamiento para problemas psicológicos como la ninfomanía.

No obstante, con el paso de los años, estos procedimientos fueron catalogados como una violación a los derechos humanos de mujeres y niñas. De esta forma, Suecia sería el primer país occidental en prohibir la ablación, seguida por el Reino Unido en 1985.

Más adelante, en 1997, ocurrió lo propio en los Estados Unidos, a partir de lo que instituciones encargadas de velar por los derechos humanos, como la Organización Mundial de la Salud, se han encargado de luchar férreamente contra esta práctica.

Estos son los tipos de mutilación genital femenina

La mutilación genital femenina suele realizarse en función de cuatro procedimientos distintos. En primer lugar, la clitoridectomía, también llamada ablación tipo I, en la que se corta el clítoris, bien sea parcial o totalmente y, en ocasiones, el pliegue de piel que rodea este órgano; este tipo representa aproximadamente el 90% de los casos de mutilación genital femenina.

En segundo lugar, la mutilación genital femenina tipo II, llamada infibulación; a partir de este procedimiento se cortan y recolocan los labios de la vagina a fin de estrechar la abertura vaginal. Esto puede ser acompañado de la resección del clítoris.

Finalmente, la mutilación genital femenina tipo III, abarca todos los demás procedimientos dirigidos a modificar quirúrgicamente los genitales femeninos con fines distintos a los médicos. Esto implica perforaciones, incisiones, raspado o cauterización de la zona genital.

¿Cuáles son las causas de este fenómeno?

Esta práctica infringe intensos niveles de dolor para las niñas y mujeres que son sometidas a esta.

Si hay algo que queda claro respecto a este fenómeno, es que la mutilación genital femenina tiene causas distintas a las médicas. En este sentido, las principales causas de este fenómeno tienen que ver con normas culturales y prácticas tradicionales.

Esto incluye creencias religiosas, roles de género obsoletos, rituales, códigos de honor y mecanismos para impartir justicia. De esta manera, la mutilación genital femenina se ha llevado a cabo en diferentes culturas por mucho tiempo, por lo que se ha naturalizado en varias comunidades.

En líneas generales, el significado social que subyace a esta práctica implica una estrategia para preservar la pureza sexual de niñas y adolescentes, siendo esta una de las características más deseables en las mujeres para diferentes grupos culturales.

Esto está relacionado también con las normas de género y la desigualdad, pues las niñas resultan mutiladas como forma de preservar su pureza y controlar su sexualidad. Incluso, existen comunidades en las que la mutilación genital femenina es vista como un medio de protección para las mujeres.

Así en contextos frágiles, en los que las mujeres corren un gran riesgo de abuso y violencia, las familias consideran que estas prácticas podrían garantizar su seguridad, al asegurar la posibilidad de consolidar un matrimonio futuro.

En otras palabras, la falta de vivienda, el hambre y la violencia, empujan a las familias a creer que la mutilación es la única opción para consolidar un matrimonio que solvente, al menos en teoría, estos problemas. Por tanto, estas prácticas se relacionan a contextos de pobreza y en aquellos lugares en los que el acceso a la educación está restringido.

Consecuencias de la mutilación genital femenina

La mutilación genital femenina no tiene ningún tipo de beneficio para la salud de mujeres y niñas. Más bien, estos procedimientos están asociados a peligrosas consecuencias para la salud. Así, a corto plazo, esta práctica puede resultar en hemorragias graves, infecciones, infertilidad, quistes y problemas urinarios.

Asimismo, las mujeres que son víctimas de estas prácticas, suelen complicaciones en el parto, relaciones sexuales dolorosas, además de haber un aumento del riesgo de muerte del recién nacido.

Tal como vemos, dañar el tejido femenino normal, interfiere con el funcionamiento natural del organismo de las mujeres y niñas que son víctimas de ello. En estos casos, las mujeres suelen experimentar un dolor intenso y corren el riesgo de contraer tétanos o morir de sepsis.

Aún más, las mujeres que han sido víctimas de estos procedimientos, suelen sufrir de problemas psicológicos que les acompañaran por el resto de su vida. En el ámbito de la sexualidad, por ejemplo, las mujeres que han sufrido de la ablación suelen experimentar insatisfacción, dolor y falta de deseo sexual.

También, son frecuentes los casos de trastorno de estrés postraumático, depresión, ansiedad, miedo, problemas de autoestima, entre otros.

Mutilación genital femenina en Latinoamérica

Resulta imperante proteger a niñas y mujeres contra estas y otras prácticas que resulten en la violación de sus derechos fundamentales.

Actualmente, la mutilación genital femenina se considera como una violación grave de los derechos humanos de niñas, adolescentes y mujeres. Aun así, esta práctica se mantiene hasta en 29 países de Asia, Oriente Medio, América Latina y África, siendo este último el continente donde se registra el mayor número de casos.

No obstante, Latinoamérica no es un espacio libre de estas prácticas barbáricas, pues se tienen registros de su realización en países tales como Colombia, Perú, Ecuador y Panamá. En este caso, la mutilación genital femenina en Latinoamérica suele ser realizada en pueblos indígenas, como la comunidad Emberá, que se extiende por las zonas selváticas de las llanuras del Pacífico, especialmente en Colombia.

Como parte de los rituales de estas comunidades, la ablación se realiza al momento del nacimiento de las niñas, como una forma de evitar la promiscuidad. En este sentido, se cree que, si no se realiza, el clítoris podría crecer hasta alcanzar el tamaño de un pene, provocando el deseo de acostarse con otras mujeres.

Así, en estas comunidades, para que una mujer sea deseable para el matrimonio, debe haber atravesado este procedimiento para controlar su sexualidad.

Finalmente, dada la recurrencia de estas prácticas, las instituciones encargadas de velar por los derechos humanos, se han dedicado arduamente a luchar contra la mutilación genital femenina. Por ejemplo, en 2008, la Organización Mundial de la Salud emitió una resolución en la que se proponen ciertas estrategias para acabar con la ablación.

Para ello, se sugiere el fortalecimiento de la respuesta del sector salud, de forma que los profesionales sanitarios tengan la capacidad de tratar y aconsejar a las mujeres y niñas que han sufrido de estas prácticas.

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Adicionalmente, se pone sobre la mesa la necesidad de investigar sobre el fenómeno, sus causas, consecuencias y estrategias para eliminarlo. En este sentido, se espera la puesta en marcha de todos los mecanismos necesarios para acabar con la mutilación genital femenina a nivel mundial.

Referencias:

  1. Posttraumatic Stress Disorder and Memory Problems After Female Genital Mutilation. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.162.5.1000
  2. Female Genital Mutilation and its Psychosexual Impact. https://doi.org/10.1080/713846810
  3. Female Genital Mutilation: Complications and Risk of HIV Transmission. https://doi.org/10.1089/apc.1999.13.709
  4. Female genital mutilation: have we made progress?. https://doi.org/10.1016/S0020-7292(03)00229-7

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