Una nueva investigación realizada por un equipo internacional de científicos, muestra que las diferencias de temperatura en las corrientes marinas pueden hacer que las especies de peces evolucionen.

Pero adicionalmente, el estudio revela que estas especies recientemente evolucionadas no tienen que estar aisladas de peces cercanos similares, como se pensó anteriormente.

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Evolución impulsada por la temperatura

Las corrientes oceánicas de la Antártida y el Ecuador se encuentran en el extremo sur de África, creando condiciones de contraste térmicas dramáticas, lo que ofrece una excelente oportunidad de estudio.

El gobio de arena tiene el mismo aspecto sin importar que viva en aguas frías o tropicales, pero tienen diferencias genéticas asociadas específicamente a la temperatura del agua.

Con eso en mente, el equipo de investigadores utilizó el ADN de un pez regional para probar cómo las corrientes de diferentes temperaturas pueden influir en la evolución de las especies.

La evolución de las especies marinas es difícil de explicar. Los nuevos nichos ecológicos pueden explicar los orígenes de algunos, pero las divisiones geográficas como las de la tierra son, obviamente, raras. Los biólogos han especulado durante algún tiempo que los gradientes de temperatura pueden proporcionar parte de la explicación.

Sin embargo, esto ha sido difícil de probar. Las especies estrechamente relacionadas que pueden haber divergido originalmente debido a la temperatura, eventualmente desarrollan otras diferencias genéticas que hacen imposible probar la causa original.

Para probar el caso, los biólogos necesitaban una especie en la que los genes asociados con las temperaturas difieran, pero que el resto del genoma sea igual. El gobio de arena es una especie que cubre esos requerimientos.

Diferencia genética

El equipo descubrió que los genes de los gobios afectados por la temperatura del agua difieren de una población a otra dentro de la costa sudafricana, la cual tiene la particularidad de contar con cuatro regiones de temperatura separadas: templado frío, templado cálido, subtropical y tropical.

En el extremo sur de África confluyen las corrientes oceánicas de la Antártida y el Ecuador, creando condiciones de contraste térmicas dramáticas y un excelente entorno de estudio.

Eso significa que, aunque el gobio de arena tiene el mismo aspecto sin importar que viva en aguas frías o tropicales, tiene genes que especifican qué aguas son aptas para el florecimiento de sus larvas, lo que evidencia una diferencia genética que hace única a cada especie.

Los investigadores comprobaron que los individuos con una afiliación de temperatura particular reconocen, y prefieren aparearse, con aquellos como ellos, incluso cuando se han dispersado más allá de su rango térmico ideal.

Al respecto, el investigador Peter Teske, profesor en la Universidad de Johannesburgo, en Suráfrica, y coautor del estudio, explicó:

“Con el tiempo, el resto del genoma se ‘pondrá al día’ con los genes seleccionados por temperatura, e incluso más tarde, las nuevas especies también cambiarán morfológicamente. Solo entonces serán reconocibles sin la ayuda de métodos genéticos”.

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Los hallazgos son de gran importancia para el manejo de especies costeras y poblaciones de peces amenazadas a nivel mundial.

Los autores advierten que, si bien el efecto de la pesca excesiva de una especie en ciertas aguas podría atenuarse, siempre que haya especímenes que ocupen el área nuevamente, el hecho de que los peces similares cercanos sean genéticamente inadecuados para las condiciones térmicas de esa zona en particular, resultaría devastador.

Referencia: Thermal selection as a driver of marine ecological speciation. Proceedings of the Royal Society B, 2019. https://doi.org/10.1098/rspb.2018.2023

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