En sus inicios, nuestro sistema solar era un lugar bastante turbulento: rocas grandes y pequeñas volaban por todas partes; algunas pasaban a formar parte de los planetas que se formaban, mientras que otras simplemente siguieron deambulando en el espacio.

Esta turbulencia causó que parte de los remanentes de la formación planetaria se acumularan como asteroides en un cinturón entre Marte y Júpiter, mientras que el resto fue a parar más allá de los grandes planetas gaseosos, donde el frío les congeló y conformaron lo que en la actualidad se conoce como el cinturón de Kuiper, considerado como una vasta colección de reliquias del comienzo de nuestro sistema planetario.

Una región de mucho interés

En el cinturón de Kuiper, más allá de la órbita de Neptuno, región donde astrónomos de todo el mundo todavía están buscando un posible noveno planeta, se han descubierto algunos planetas enanos, Plutón como centro de atención, y rocas con tamaños de algunos cientos de kilómetros.

El Cinturón de Kuiper fue nombrado en honor al astrónomo Gerard Kuiper, quien postuló una reserva de cuerpos helados más allá de Neptuno.

Sin embargo, aún no está claro cuántos objetos más pequeños residen en esta región. Las rocas de uno a unos pocos kilómetros de tamaño son simplemente demasiado pequeñas y se encuentran demasiado lejanas como para ser observadas directamente, incluso con los telescopios más potentes.

Pero son precisamente estos pequeños objetos del cinturón de Kuiper los que nos pueden decir qué tamaño tenían los planetasimales originales en la formación planetaria.

Sin embargo, hay una manera de rastrear estos trozos de hielo distantes: la ocultación estelar, un método en el que los investigadores observan estrellas y detectan variaciones en su luminosidad, provocadas por objetos que se anteponen entre el observador y el cuerpo estelar.

Peculiar descubrimiento

Valiéndose de esta metodología, por primera vez en la historia de la astronomía, un equipo de investigadores japoneses identificó un objeto con un radio de solo 2,6 kilómetros de diámetro en el borde del sistema solar, en el cinturón de Kuiper.

Es un planetismo, un objeto que se remonta a la formación de nuestro sistema y que está en la base del origen de los planetas, lunas y asteroides. Estas minúsculas piedras espaciales, también conocidas como KBO (acrónimo de objetos del cinturón de Kuiper), se consideran cápsulas en tiempo real, fundamentales para reconstruir el origen y la evolución del Sistema Solar.

La existencia de tales objetos pequeños ha sido hipotetizada durante unos 70 años, pero hasta la actualidad no se había identificado ningún ejemplar.

Eslabón perdido

Para descubrir el planetismo, un equipo de investigadores del OASES (Autotelescopios Organizados para el Estudio de Sucesos Fortuitos), compuesto por científicos del Observatorio Astronómico Nacional de Japón, la Universidad de Tokio, la Universidad de Kobe y otras instituciones, monitorearon aproximadamente 2.000 estrellas durante un total de 60 horas.

La peculiaridad de este descubrimiento radica en el hecho de que se obtuvo con dos telescopios de aficionados y no con instrumentos científicos gigantescos. Los dos telescopios se colocaron en el techo de una escuela en la isla de Miyako, en la prefectura de Okinawa.

Plutón, hasta hace poco considerado un planeta, es el objeto celeste más reconocido del cinturón de Kuiper.

Este es un logro impresionante, teniendo en cuenta el tamaño del objeto identificado y la gran distancia a la que se encuentra, unas 32 unidades astronómicas (una unidad astronómica equivale a alrededor de 150 millones de kilómetros, la distancia entre la Tierra y el Sol).

Los investigadores dicen que este objeto es una especie de “eslabón perdido” en la formación de planetas.

Los planetas comienzan la vida como materia aglomerada en discos de polvo y gas, y eventualmente se hinchan para convertirse en los objetos de tamaño completo que vemos en la actualidad.

Ahora que los investigadores saben que su metodología funciona, el equipo planea estudiar el cinturón de Kuiper con mayor detalle, prestando especial atención a la nube de Oort, depósito de cometas del sistema solar, que se cree que alberga trillones de objetos helados.

Referencia: A kilometre-sized Kuiper belt object discovered by stellar occultation using amateur telescopes. Nature Astronomy, 2019. https://doi.org/10.1038/s41550-018-0685-8