La capacidad de ver el contraste es una función visual importante, especialmente cuando estamos caminando por las escaleras, conduciendo en la noche o buscando cosas en condiciones de poca luz.

La función de sensibilidad de contraste, que es diferente a la agudeza visual, es la cantidad mínima de luz y oscuridad que necesitamos ver para detectar un objeto o patrón.

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Siempre en movimiento

Hasta ahora, los investigadores han pensado que ver el contraste se basa en la óptica de los ojos y el procesamiento cerebral. Sin embargo, un nuevo estudio revela que los pequeños movimientos oculares desempeñan un papel fundamental.

Los investigadores explican que lo que vemos, lo percibimos porque nuestros ojos siempre están en movimiento.

Aunque fijemos la mirada en un solo punto, microscópicamente, nuestros ojos siempre se están moviendo, lo que se conoce como “movimientos oculares de fijación”.

Estos pequeños movimientos oculares, que alguna vez se pensó que eran intrascendentes, son críticos para el sistema visual para ayudarnos a reconstruir una escena.

Para probar el papel de los movimientos oculares en la detección de contraste, los investigadores mostraron a un grupo de voluntarios, cinco mujeres de 21 a 31 años con visión normal, imágenes con rayas blancas y negras, haciéndolas progresivamente más delgadas, lo que se conoce como frecuencia espacial, hasta que los participantes ya no podían ver franjas separadas.

Para cada frecuencia espacial, los investigadores midieron la cantidad mínima de blanco y negro necesaria para ver un contraste, mientras cuidadosamente rastreaban los movimientos oculares de los participantes.

Cuando simularon la tarea en un modelo computacional de la retina y las neuronas asociadas, los investigadores encontraron que la sensibilidad al contraste solo se lograba cuando incluían los movimientos oculares.

Similar al tacto

Los investigadores evidenciaron que cuando no se incluyó el factor de movimiento en el modelo computacional, las neuronas simuladas no ofrecen las mismas respuestas que los sujetos.

Para medir la sensibilidad al contraste, los investigadores mostraron a los participantes humanos rejillas con franjas blancas y negras de diferentes anchos.

El investigador Antonino Casile, catedrático en el Instituto Italiano de Tecnología y autor principal del estudio, explicó:

“El sistema es similar al involucrado en el sentido del tacto: para sentir la textura de una superficie, no basta con tocarla, también necesitamos mover los dedos a lo largo del objeto. Procesamos la información de la interacción entre los sensores táctiles de nuestros dedos y el movimiento”.

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De manera similar, la sensibilidad al contraste resulta de la interacción entre el proceso sensorial en el sistema visual del cerebro y el proceso motor del movimiento del ojo.

Los resultados del estudio muestran que el sistema visual utiliza un esquema activo para extraer y codificar información, y que en ultima instancia, lo que vemos, lo percibimos porque nuestros ojos siempre están en movimiento, incluso si no lo sabemos.

Los hallazgos, expresan los autores del estudio, son muy sólidos, tienen múltiples consecuencias y conducen a predicciones importantes.

Referencia: Contrast sensitivity reveals an oculomotor strategy for temporally encoding space. eLife, 2019. https://doi.org/10.7554/eLife.40924

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