Según estimaciones, aproximadamente el 60% de las personas que sufren de dolor crónico también padecen trastornos del sueño, como el insomnio. Teniendo en cuenta que el dolor dificulta la conciliación del sueño, estos resultados podrían no sorprender a nadie.

Sin embargo, de acuerdo a los resultados de un estudio reciente, la pérdida del sueño podría aumentar la sensibilidad al dolor de las personas. De ser así, estos resultados se unen a una amplia línea de investigación que demuestran la importancia de gozar de una buena calidad de sueño a fin de proteger la salud.

La pérdida de sueño aumenta la sensibilidad al dolor

Está más que demostrado que la pérdida de sueño y los malos hábitos a la hora de dormir se asocian a consecuencias negativas para la salud. Ahora, un equipo de investigadores sugiere que la mala calidad del sueño podría aumentar significativamente la sensibilidad al dolor.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores trabajaron con 25 personas que fueron sometidas a estímulos dolorosos mientras se examinaba su actividad cerebral a partir de una resonancia magnética. En particular, se trabajó bajo dos condiciones; a saber, luego de una buena noche de sueño y en condiciones de privación del sueño.

Específicamente, mientras se evaluaban los patrones de activación cerebral, se colocó una almohadilla en la pierna de los participantes que aumentaba progresivamente su temperatura hasta que estos informaban que estaban experimentando un dolor insoportable.

De esta manera, se observó que cuando los participantes habían gozado de una buena noche de sueño, eran capaces de soportar, en promedio, una temperatura de hasta 44 grados Celsius. Por su parte, en condición de privación de sueño, el umbral de dolor se redujo hasta 41 grados Celsius.

En la misma línea, tras analizar los datos resultantes de la resonancia magnética, se observó que, en condiciones de privación del sueño, la actividad de la corteza somatosensorial, encargada de procesar los estímulos dolorosos, aumentaba considerablemente.

Adicionalmente, ante estas mismas condiciones, se observó una disminución en la actividad del núcleo accumbens y en la corteza insular. Estas áreas regulan los niveles de dopamina, conformando una respuesta de analgesia al dolor.

Una sola noche es suficiente para incrementar la sensibilidad al dolor

La falta de sueño incrementa la activación de las estructuras cerebrales que procesan el dolor y bloquean las respuestas de analgesia natural del organismo.

Sobre la base de los resultados, los investigadores concluyen que la falta de sueño, además de incrementar la actividad de las estructuras cerebrales asociadas al procesamiento de los estímulos dolorosos, bloquea los centros de analgesia natural en el cerebro.

Para ir más allá, los investigadores se propusieron analizar la relación entre los cambios sutiles en el sueño y la sensibilidad al dolor. Para ello, se realizó una encuesta a más de 230 adultos. Tras esto, se observó que los cambios sutiles en los patrones de sueño influyen sobre la sensibilidad al dolor.

En pocas palabras, tan solo una mala noche de sueño podría aumentar la sensibilidad al dolor de las personas.

Finalmente, los investigadores plantean que estos resultados ponen sobre la mesa la necesidad de optimizar los hábitos de sueño a fin de controlar y reducir el dolor. Esto cobra especial importancia en las personas que sufren de dolor crónico, una condición que afecta significativamente la calidad de vida de los pacientes.

Referencia: The pain of sleep loss: A brain characterization in humans, (2019). https://doi.org/10.1523/JNEUROSCI.2408-18.2018