A mediados del siglo XIX, Charles Darwin formuló la teoría de la evolución por selección natural, y a principios del siglo XX la síntesis evolutiva moderna se complementó con la genética clásica a través de la disciplina de la genética de poblaciones.

La evolución es una piedra angular de la ciencia moderna, aceptada como uno de los hechos y teorías más confiables, sin embargo, hay algunos indicios que sugieren su reversibilidad, un fenómeno conocido como evolución regresiva o a la inversa, en el que los “avances” evolutivos retroceden.

Evolución en retroceso

El concepto de evolución regresiva se basa en la noción de que la evolución tiene una dirección, y por lo tanto, se produce cuando la evolución va “hacia atrás”.

Los pingüinos suelen ser referidos como un ejemplo claro de evolución regresiva.

Aunque no se trata de una regla generalizada, algunas especies proporcionan ejemplos que han servido de fundamento para sustentar este concepto.

La anguila babosa, que hizo su evolución a la inversa hacia la ceguera; los pulgones, que perdieron sus órganos excretores y las serpientes, que perdieron sus extremidades, suelen ser referidos.

Probablemente el caso más notable del fenómeno de evolución inversa sea el de los pingüinos, cuyos ancestros pudieron volar, pero los ejemplares actuales perdieron esa habilidad.

Los pingüinos modernos retienen las firmas de sus ancestros voladores, incluidos los huesos de las alas, un esternón puntiagudo y las plumas.

Si bien para los primeros ancestros de los pingüinos (es decir, las primeras aves), el vuelo fue beneficioso y les permitió maximizar su aptitud reproductiva, en los pingüinos modernos, el vuelo no representa una ventaja, y les resulta mejor ser gordos y nadadores, por lo que la selección actuó contra el vuelo y se afianzaron las características para vivir en ambientes fríos.

La pérdida del vuelo hizo que los pingüinos se adaptaran mejor a su entorno, porque significaba que las aves podrían crecer más.

Adaptación al entorno

Los pingüinos no voladores desarrollaron músculos más grandes para nadar con más potencia, huesos más densos que agregaron fuerza y ​​flotabilidad, y alas más cortas y rígidas para dar golpes de natación más vigorosos y con menos resistencia.

Las anguilas babosas pudieron ver en el pasado, pero en la actualidad no cuentan con esa capacidad.

Agrandarse los hizo ser más eficientes para conservar el calor, ser capaces de realizar inmersiones más profundas y más largas, y de ese modo, apuntar a presas más grandes.

Por lo tanto, los pingüinos no evolucionaron a la inversa, simplemente se adaptaron a su nuevo entorno, y en ese caso particular, eso significó perder una característica que previamente había sido beneficiosa. La selección natural simplemente adapta los organismos a su entorno actual, y lo que es beneficioso puede cambiar a medida que el entorno cambia.

Siendo este el caso, queda evidenciado que ciertas características complejas se pueden perder, pero considerar esos cambios como una evolución inversa es un concepto que para muchos científicos resulta erróneo, ya que que esos casos solo ejemplifican cómo la evolución simplemente avanza.

Referencia: Perspective: Reverse Evolution. Evolution, 2007. https://doi.org/10.1111/j.0014-3820.2001.tb00800.x