El sudeste asiático es uno de los lugares donde es más común encontrar insectos incrustados en antiguos fragmentos de ámbar, lo que por sí sólo ya es algo curioso y llamativo. Sin embargo, recientemente se encontró algo mucho más raro y sorprendente.

El gemólogo Brian Berger descubrió una pieza en cuyo interior se encuentra un insecto fosilizado, pero en vez de estar conservado en ámbar, se encuentra incrustado en un ópalo precioso, un mineral cuya formación aún es en gran parte un misterio.

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Un particular hallazgo

Las plantas producen una sustancia pegajosa llamada resina, principalmente como un medio para protegerse. Bajo las circunstancias adecuadas, las estructuras químicas de estas resinas pueden cambiar con el tiempo, fosilizándose en ámbar, y ocasionalmente atrapan y conservan un insecto en su interior.

El Instituto Gemológico de América emitió un informe y certificando que se trata de un ópalo precioso real, sin alteraciones, con una única particularidad: un insecto incrustado.

Este espécimen probablemente comenzó como un insecto típico atrapado en ámbar, pero luego parece haber pasado por un segundo proceso llamado opalización, donde parte del ámbar se convirtió en ópalo.

Los ópalos son esencialmente esferas de dióxido de silicio con agua combinada en su química. Las muestras orgánicas pueden convertirse en ópalo de manera similar a la forma en que la fosilización convierte el hueso en piedra.

El Instituto Gemológico de América ha estudiado el espécimen en detalle y emitió un informe y certificado que autentica el hallazgo. De acuerdo con el informe, es un ópalo precioso real, sin alteraciones, con una única particularidad: un insecto incrustado.

Mejorar nuestra comprensión

El geólogo Ben McHenry, administrador principal de colecciones en el Museo de Australia Meridional, expresó: “Creo que este espécimen podría ser realmente fundamental para nuestra comprensión de cómo se forma el ópalo”.

El insecto parece tener la boca abierta y está muy bien conservado, incluso con estructuras fibrosas que se extienden desde los apéndices.

El entendimiento actual sobre la formación de ópalos requiere agua con un alto contenido de sílice y grietas y cavidades. En Australia, donde se puede encontrar la mayoría de los ópalos del mundo, el agua subterránea ácida disolvió la sílice en las rocas y la lavó en el sedimento.

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A medida que el nivel de pH del agua se volvió a estabilizar, la sílice se depositó en cavidades en la roca, incluidas las bolsas que quedaron cuando el agua ácida disolvió el carbonato de calcio.

El ámbar opalizado es solo la teoría inicial actual y, a través de más investigaciones, los científicos esperan aprender más sobre el proceso de formación de, no sólo este particular espécimen, sino del mineral en sí.

Referencia: Fossilized Insect Discovered Not in Amber, But in Opal. Entomology Today, 2019. https://goo.gl/WqSzxY

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