La mayoría de los objetos que hoy en día nos hacen la vida más sencilla, se la debemos a la mente de grandes inventores que revolucionaron el mundo con sus desarrollos. Teniendo esto en cuenta, podríamos pensar que esta profesión es una gran fuente de orgullo para aquellos que la ejercen.

Sin embargo, no son pocos los inventores que han vivido para arrepentirse de aquello que inventaron. Tal es el caso de Victor Gruen, el inventor del centro comercial.

Curiosamente, Gruen, siendo un férreo enemigo del consumismo, vivió para arrepentirse de su invento tras ver en lo que se habían convertido los centros comerciales. Como este, hay muchos otros casos. A continuación, te presentamos los más destacados.

Alfred Nobel y la dinamita

Alfred Nobel es el nombre del científico que sirvió de inspiración para la invención de los premios Nobel. Específicamente, estos premios fueron creados para reconocer a personas o instituciones que hayan hecho contribuciones notables para la humanidad en diversos campos.

Estos premios se instituyeron en 1895, como última voluntad de Alfred Nobel, empezando su celebración en 1901. Así, cada año, se honran las contribuciones a la humanidad desde diversos campos, como la Física, la Química, la Medicina, la Literatura y la Paz.

Sin embargo, Alfred Nobel se convertiría en un inventor arrepentido de su obra. En su carrera como ingeniero industrial, Nobel estaba empeñado en descubrir nuevos métodos para explotar roca de forma más eficiente.

Así, tras numerosos experimentos, descubrió que al mezclar nitroglicerina con sílice se obtiene una pasta volátil a la que le dio por nombre dinamita. No obstante, la humanidad, usó el invento para otros fines.

En este sentido, además de usar la dinamita dentro del campo de la construcción, se empezó a usar este material con fines bélicos. Por tanto, cuando Nobel se dio cuenta de que la humanidad estaba haciendo un uso inadecuado de su invento para mutilar y asesinar personas, se arrepintió de haber inventado la dinamita.

A modo de compensación, dejó instrucciones en su testamento para que la mayoría de su patrimonio fuese destinado a la creación de un fondo para recompensar a aquellos que produjeran cambios positivos en el mundo.

De esta manera, hasta el día de hoy, Nobel, arrepentido por su invento, se mantienen honrando el trabajo de todas aquellas personas que tienen por objetivo hacer del mundo un lugar mejor.

El funesto inventor de los ADS

Si hay algo en común entre la mayoría de los usuarios de internet es un odio desmedido hacia los “ADS” o avisos de publicidad emergente. Estos anuncios suelen aparecer en casi todas las páginas de internet, interrumpiendo la experiencia de los usuarios, lo que genera frustración.

La buena noticia es que, Ethan Zuckerman, el padre de los ADS, comparte esta opinión y se arrepiente de su invento. En la década de los noventa, Zuckerman trabajaba para un sitio web llamado Tripod.com. Esta era una plataforma que se encargaba de comercializar contenidos y servicios de internet.

Poco a poco, la empresa se consolidó como proveedora de alojamiento de páginas web, por lo que necesitaban ampliar su capital a partir de publicidad, con el objetivo de mantener a flote el negocio. De esta desesperación surgió la idea de uno de los objetos digitales más molestos en la historia: los anuncios de publicidad emergente.

En un principio, el objetivo era que las marcas patrocinantes no se preocuparan por asociaciones entre los anuncios y los contenidos plasmados en las páginas web. Por ejemplo, al aparecer en una ventana distinta, no se asociaría el anuncio de una gran compañía en una página donde se comparten contenidos pornográficos.

Sin embargo, podría decirse que se abusó del recurso, ocasionando molestias en la mayoría de los usuarios de internet. Por tanto, a pesar de sus buenas intenciones, no son pocas las veces en las que Zuckerman se ha disculpado públicamente por su invento.

La bomba atómica

Durante la Segunda Guerra Mundial, las naciones más poderosas se encontraban enfrentadas entre sí. Esto se tradujo en la muerte de millones de personas y, en medio del conflicto, parecía que no había una luz al final del túnel.

En medio de todo esto, en el Laboratorio de los Álamos, un equipo de científicos se encontraba trabajando liderados por J. Robert Oppenheimer, en algo que, según creían, crearía un mundo más seguro para ellos y el resto de los americanos. Este invento no era nada más ni nada menos que la bomba atómica.

No obstante, luego del lanzamiento de esta arma de destrucción masiva, Oppenheimer, apodado “el padre de la bomba atómica”, y el resto de los científicos del equipo, se lamentaron de su invención.

Así, después de la muerte y la destrucción masiva de millones de japoneses, los responsables de la creación de la bomba atómica se arrepintieron de haber participado en el proyecto. De hecho, en sus últimos años, Oppenheimer estaba seguro de que la guerra había adormecido a la humanidad y se lamentó del grave error que significó la creación de la bomba atómica.

En este caso, según el inventor, si bien la bomba atómica ganó la guerra para los Estados Unidos, lo hizo de la forma más cruel y horrible posible.

El inventor del televisor se negaba a tener uno de estos aparatos en su propia casa

Curiosamente, el inventor del televisor se negaba a tener uno de estos equipos en su propia casa. El inventor del televisor fue Philo T. Farnsworth quien, a la corta edad de 14 años, inventó los principios básicos de la televisión electrónica. Sin embargo, su invento sería utilizado de forma contraria a lo que esperaba.

Farnsworth inventó la televisión con la esperanza de que fuese un recurso de aprendizaje a fin de resolver grandes problemas que atañen a la humanidad. En este sentido, esperaba que la televisión fuese usada como medio de aprendizaje y entretenimiento a través de programas educativos, deportivos y culturales.

No obstante, su deseo se desvirtuó y la televisión terminó siendo tal como la conocemos actualmente.  Así, el inventor vivió lo suficiente como para ver que su invento había dado un giro inesperado.

Las personas no estaban recibiendo educación a través del televisor y los problemas de la humanidad estaban cada vez peores. De hecho, con el pasar de los años fueron más comunes los programas que transmiten contenidos mundanos y cada vez fueron menos los programas televisivos de contenidos educativos e informativos.

Sobre la base de esto, el inventor se lamentó de su creación, ya que pensaba que las personas desperdiciaban su tiempo viendo televisión. En su opinión, no había programas que valieran la pena, por lo que prohibió que en su casa se colocara uno de estos aparatos.

Robert Propst y la Oficina de Acción

Actualmente, para la mayoría de las personas, estar en un cubículo de oficina puede parecer el peor de los castigos. Sin embargo, este no era el objetivo principal de su inventor, Robert Propst, quien al ver lo que se hizo con su creación, se lamentó profundamente.

A finales de los años sesenta e inicios de la década de los setenta, los diseños futuristas estaban de moda. Sobre la base de esto, Propst diseñó un estilo de oficina futurista en el que se prescindía de puertas y paredes reales.

Este inventó recibió el nombre de “Oficina de Acción” y, en sus primeros modelos se presentaba como una oficina al aire libre, con paredes falsas que ofrecían espacio para colocar el trabajo y mantener contacto con los compañeros de trabajo.

Técnicamente, el diseño original contemplaba una mayor cantidad de espacio para los usuarios de los cubículos. Por su parte, otro beneficio asociado al invento de Propst es que resultaba más económico para las empresas.

De esta forma, el invento fue adoptado por una gran parte de las empresas a nivel mundial. Sin embargo, con el pasar de los años, el diseño se fue desvirtuando hasta convertirse en los espacios pequeños y limitados que la mayoría de los usuarios rechazan apasionadamente.

En atención a esto, el inventor, cuando tenía unos 80 años de edad, manifestó estar arrepentido y lamentar el resultado de su invento, lo que, en sus palabras, llamó una “locura monolítica”.

Los centros comerciales no son lo que se esperaba que fueran

Finalmente, tenemos el curioso caso del inventor del centro comercial quien, siendo un apasionado detractor del consumismo, se arrepintió intensamente al ver en lo que se convirtió su invento.

En el pasado, los pueblos eran más pequeños; por tanto, las casas y los comercios se ubicaban de forma céntrica. De esta forma, las personas tenían fácil acceso a los diferentes lugares.

Sin embargo, a medida que las ciudades fueron creciendo y desarrollándose cada vez más, para las personas que vivían en lugares alejados del centro, resultaba más difícil el acceso a comercios y lugares de esparcimiento.

Con esto en mente, en 1954, a Victor Gruen se le ocurrió la construcción de espacios comunales en los que las personas pudiesen pasear, hacer sus compras y cumplir con diversos recaudos. La idea era construir espacios de encuentro para la recreación y el disfrute de las personas. Así, para la fecha, se construyó el primer centro comercial de la historia en Detroit.

No obstante, como en el resto de los casos, el invento se convirtió en un monstruo imparable que llenó de arrepentimiento al creador. Con el paso del tiempo, quienes diseñaban los centros comerciales prescindieron de las áreas verdes y de los espacios abiertos.

En la misma línea, ya no había espacio para las artes y la cultura, pues el objetivo era incluir la mayor cantidad de tiendas posibles hasta que se desarrollaron los centros comerciales tal como los conocemos actualmente.

Al respecto, Gruen, se mostró sumamente molesto y, en 1978, llegó a decir que deseaba renegar de su invento, pues representaba una desgracia para el sano compartir dentro de las ciudades.

Referencias:

  1. Brotherhood of the Bomb: The Tangled Lives and Loyalties of Robert Oppenheimer, Ernest Lawrence, and Edward Teller. https://doi.org/10.1119/1.1538578
  2. New Media, New Civics?. https://doi.org/10.1002/1944-2866.POI360
  3. Victor Gruen and the Construction of Cold War Utopias. https://doi.org/10.1177/1538513204264755
  4. The Action Office. https://doi.org/10.1177/001872086600800405

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