A lo largo de la historia, la humanidad ha diseñado una infinidad de símbolos para representar la realidad. Así, tenemos símbolos que, como parte del lenguaje, representan y sintetizan ideas para hacer más fácil su transmisión y comprensión. En este caso, nos centraremos en un par de símbolos que se han utilizado tradicionalmente para representar lo femenino y lo masculino.

Desde épocas antiguas, el ser humano ha representado lo masculino a partir de un círculo con una flecha que emerge de él, apuntando en ángulo hacia el lado superior derecho. Por su parte, lo femenino suele representarse con un circulo del cual emerge una cruz desde la parte inferior de este. Veamos el curioso origen de estos símbolos.

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Este es el origen de los símbolos de género

Los símbolos para representar lo femenino y lo masculino se remontan a los primeros tiempos de la civilización humana. Desde ese momento, el ser humano ha diseñado símbolos que sirven para representar ideas y abstraer la realidad.

Así, en la antigüedad, especialmente en Grecia, el ser humano se dedicó a observar como los movimientos de los cuerpos celestes, tales como el Sol, la Luna y los planetas, representaban un anuncio correspondiente a los eventos que ocurrirían en nuestro planeta.

Con el paso del tiempo, las personas empezaron a creer que existían relaciones causales entre ambos fenómenos y le dedicaron un mayor esfuerzo al estudio de los movimientos de los objetos en el cielo y su influencia sobre el devenir de la civilización. De esta manera, se le dio nacimiento al campo de la astronomía.

Claro que, para la época, siendo una ciencia incipiente, el estudio de los movimientos de los cuerpos celestes se basaba en meras especulaciones. Sobre la base de esto, los antiguos eruditos se dedicaban a estudiar los cielos a fin de predecir eventos astronómicos futuros y prepararse para ellos.

Dioses, astronomía y género

La observación de los cielos permitió la identificación de un sinnúmero de cuerpos celestes y, con el descubrimiento de cada uno de ellos, se dio paso a la definición de un nombre y un símbolo a modo de representación. En la misma línea, cada cuerpo celeste se asoció con uno de los dioses adorados para la época.

En este sentido, Zéus se asoció a Júpiter, Afrodita a Venus, Ares a Marte, Cronos a Saturno, y así con cada uno de los planetas y demás objetos celestiales.

Como si esto no fuese suficiente, cada cuerpo celestial, junto a su dios correspondiente, se asoció con un metal particular. Por ejemplo, el sol, relacionado al dios Helios, se asoció con el oro.

En el caso que nos atañe, Marte, relacionado a Ares, el dios de la guerra se asoció a un duro metal utilizado para fabricar armas: el hierro. Por su parte, Venus, planeta relacionado a Afrodita, se asoció a uno de los metales más suaves: el cobre.

Escribiendo sobre los metales, los antiguos griegos se referían a ellos a partir de los nombres de sus respectivos dioses, los cuales se nombraban, tal como ahora, a partir de combinaciones de letras. Sin embargo, después de un tiempo, es esto surgió un tipo de taquigrafía relevante para cada elemento.

De esta manera, a cada metal, junto a su dios correspondiente, se le adjudicó un símbolo particular. En el caso de Ares, el dios de la guerra, el círculo con la flecha ascendiente representa la lanza y el escudo del dios.

Por otro lado, en el caso de Afrodita, diosa del amor, la belleza y la fertilidad, el círculo con la cruz en la parte inferior simboliza a la diosa con un espejo en mano.

Posteriormente, tal como veremos a continuación, los antiguos alquimistas mantuvieron estos símbolos y, posteriormente, fueron usados para denotar los símbolos biológicos.

Alquimistas y género

Ya para la época medieval, los antiguos alquimistas europeos mantuvieron los símbolos de taquigrafía diseñados por los griegos para nombrar los elementos. Uno de ellos, y quizás el más importante, fue Carolus Linnae, el padre de la taxonomía moderna.

En este sentido, con el objetivo de desarrollar una clasificación jerárquica del mundo natural, dividiéndolo en el reino animal, el reino vegetal y el reino mineral, Linnae expuso su trabajo “Systema Naturae”, en 1735. Allí, se observa la herencia del uso de los símbolos taquigráficos desarrollados por los antiguos griegos.

Mas adelante, en 1751, en su disertación “Plantae Hybridae”, Linneo se convirtió en el primero en utilizar los símbolos de Venus y Marte dentro del contexto de los sexos biológicos. Específicamente, usó el símbolo de Venus para denotar a una madre de una planta híbrida y el símbolo de Marte, para indicar un padre masculino.

Luego de esto, en trabajos posteriores, Linneo continuó usando estos símbolos para distinguir entre hombres y mujeres. Por su parte, siguiendo los pasos del científico, otros botánicos incorporaron el simbolismo y, poco a poco, estos símbolos fueron adoptados por otros campos, como la zoología, la biología humana y la genética.

Así, con el paso del tiempo, los símbolos representantes de lo femenino y lo masculino, empezaron a formar parte del imaginario colectivo y se han mantenido como parte de nuestro repertorio de lenguaje a pesar de que, en la actualidad, ya no son usados en el campo científico para distinguir entre hombres y mujeres.

Círculos y cuadrados

Si bien en la actualidad casi todas las personas reconocen los símbolos de género como imágenes para representar lo femenino y lo masculino, en el campo de la ciencia moderna, estos pictogramas han sido dejados de lado. En este caso, los científicos modernos, especialmente los genetistas, utilizan un círculo para representar a las mujeres, y un cuadrado para los hombres.

Esta nueva simbología fue desarrollada en 1845 por el médico Pliny Earle, a partir de sus estudios sobre la herencia del daltonismo. Esto, de acuerdo a Edward Nettleship, un miembro de la Royal Society, con el objetivo de usar símbolos específicos que pudiesen usarse exclusivamente para representar el género.

En pocas palabras, la idea del científico fue utilizar símbolos sencillos y fáciles de reconocer por los equipos tecnológicos de la época que no se confundieran con la simbología específica de otros campos.

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Sin embargo, al día de hoy, podría afirmarse que a las personas les resulta más sencillo reconocer los símbolos tradicionales para denotar lo femenino y lo masculino.

Finalmente, con los avances en torno a la ideología de género, se han observado modificaciones a estos símbolos en favor de la diversidad. A modo de ilustración, la unión de dos símbolos femeninos o masculinos a partir de sus círculos correspondientes sirve como representación de la homosexualidad, bien sea femenina o masculina.

Referencia: Gender symbols and urban landscapes. https://doi.org/10.1177/030913259201600201

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