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Nicolas Truglia, el estafador de criptomonedas que está bajo arresto por robar 1 millón de dólares en activos digitales, ha recibido una demanda por otra de sus víctimas, que exige 81 millones de dólares en retribuciones.

Los documentos de la corte alegan que Truglia trabajó en coalición con 25 individuos para robar 24 millones de dólares a Michael Terpin, un inversionista de Bitcoin.

Además, Terpin demandará AT&T exigiendo 224 millones de dólares, alegando que su negligencia condujo a la pérdida financiera.

En total, se presume que la banda de Truglia robó 80 millones de dólares en activos digitales de Terpin y otros inversionistas de criptomonedas antes de que las autoridades descubrieran su modus operandi.

Desde 2017 hasta hoy, Truglia y sus secuaces, autoproclamados “OG Users”, utilizaron documentos de identificación falsos para obtener acceso a los números telefónicos y así controlar la línea telefónica de sus víctimas, un proceso conocido como SIM-swapping.

El SIM-swapping les permitió a los hackers acceder a los mensajes y códigos de autentificación de 2 factores de las víctimas, con lo que pudieron obtener sus llaves privadas.

La información utilizada por los OG Users para defraudar víctimas fue obtenida a través de la dark web o mediante phishing.

Los documentos emitidos como evidencia del caso de Terpin incluyen el testimonio de Chris David, un agente comercial de jets privados, que compartió detalles acerca de la vida de Truglia.

De acuerdo con David, Truglia vivía en un apartamento cuya renta era de US$ 6,000 al mes, utilizaba un reloj Rolex valorado en unos US$ 100,000 y tenía planes de comprar un McLaren de US$ 250,000, un jet privado y un condominio en Manhattan.

“Particularmente, vi que tenía más de 7 millones de dólares en su aplicación móvil de JP Morgan Chanse, y contaba con más de 12 millones en varias criptomonedas en su cuenta de Gemini en su computadora. Tenía más de 40 millones de dólares en otras criptomonedas”.

Cuando David le preguntó a Truglia de dónde había sacado tantas criptomonedas, el estafador aseguró que provenían de la minería de criptomonedas, pero posteriormente admitió que las robaba, comparándose con Robin Hood.

Ahora, es un nuevo ejemplo de que el crimen – ni siquiera cibernético  – no paga.