En nuestro día a día, las injusticias pueden ser bastante frecuentes. Estas situaciones ocurren de diversas maneras. Sin embargo, las injusticias más comunes se presentan cuando a alguien bueno le ocurren cosas malas o cuando a alguien que consideramos malo, le suceden cosas buenas.

Curiosamente, nuestras respuestas ante estos tipos de injusticias son diferentes. Por lo general, si a alguien bueno le ocurre algo malo, tratamos de ayudar en la medida de lo posible. Por su parte, cuando a alguien malo le sucede algo positivo, dejamos que el karma se encargue, a pesar de nuestro enojo. Veamos qué dicen los expertos al respecto.

Nuestra respuesta a las injusticias

Lamentablemente, el mundo es un lugar común para las injusticias. Sin embargo, si tenemos la suficiente percepción de control, podemos hacer algo al respecto. Para comprenderlo, recurramos a un ejemplo.

Imaginemos que una persona que consideramos buena está sufriendo los estragos de un huracán devastador que destruyó su casa. Ante situaciones como esta, nos sentimos motivados a ayudar, aunque sea con una modesta suma de dinero. De hecho, se ha observado que este tipo de situaciones representan una oportunidad de unión de las comunidades en función de los menos desfavorecidos.

Así, ante injusticias como esta, nos sentimos motivados a movilizar nuestros recursos para actuar. Sin embargo, otros tipos de injusticias elicitan respuestas distintas.

Por ejemplo, cuando notamos que algo bueno le pasó a alguien que consideramos una mala persona, solemos dejar que el karma se encargue de la situación, paralizando nuestros recursos, a pesar de estar enojados.

En pocas palabras, cuando el mal comportamiento de otras personas se ve recompensado, tendemos a no hacer nada, independientemente de la molestia. Esto tiene que ver con la percepción de control que tenemos sobre la situación.

La percepción de no tener control nos hace dejárselo todo al karma

Ante algunas injusticias, nos quedamos paralizados a pesar de las molestias asociadas.

Generalmente, las personas sienten que no tienen control sobre las situaciones injustas, especialmente cuando cosas buenas le ocurren a personas malas. Si bien cuando algo malo le ocurre a alguien bueno nos sentimos motivados a ayudar, pues pensamos que tenemos algo de control sobre la situación, no ocurre lo mismo en el caso contrario.

Ante estas situaciones, la tendencia es dejar que el karma haga su trabajo. Al respecto, los expertos plantean que, al ocurrir eventos como este, las personas perciben que no tienen control o influencia sobre la situación, lo que paraliza su acción.

Más bien, se percibe que las consecuencias de poner en marcha un comportamiento restitutivo de la justicia sería demasiado costoso; en atención a ello, se piensa que el esfuerzo no vale la pena. Así, nos conformamos con la esperanza de que el karma hará su trabajo en algún momento.

Además, cuando ocurren situaciones en las que las personas malas obtienen cosas buenas, no nos conformamos con una pequeña muestra de justicia. Por el contrario, queremos ver que la justicia se reestablece en todo su esplendor. Esto requiere de altas sumas de esfuerzo, que no muchas personas están dispuestas a invertir.

Por esta razón, cuando vemos que a alguien bueno le pasa algo malo, ayudar en lo más mínimo nos hace sentir mejor. Sin embargo, cuando la injusticia implica que algo bueno le pasó a alguien malo, deseamos todo el peso de la justicia.

La mala noticia es que pensamos que esto va más allá de nuestro control e implica una gran inversión de recursos, por lo que, en lugar de actuar, esperamos que el karma haga lo mejor que sabe hacer, a pesar de no tener garantías de que esto realmente llegue a ocurrir.

Referencia: Compensate a little, but punish a lot: Asymmetric routes to restoring justice, (2019). https://doi.org/10.1371/journal.pone.0210676

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