La percepción es uno de los procesos mentales más sesgados en el ser humano. No por nada nos resultan tan curiosas las ilusiones ópticas. En este sentido, pueden ocurrir situaciones en las que una persona perciba algo totalmente distinto que otra, a pesar de que ambas observen el mismo objeto.

Tal como veremos a continuación, esto se debe a que la percepción visual se trata más de una interpretación que la simple recepción de estímulos. Así, dependiendo de los sesgos de cada quien, una persona puede percibir que un objeto tiene forma cóncava, mientras que otra percibe la misma imagen de forma convexa.

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La percepción es más una interpretación que la recepción de estímulos

Cuando observamos algún objeto, nuestro cerebro usa señales visuales para ayudarnos a descubrir la forma de ese objeto. A su vez, estas señales se combinan con información que ya se encuentra almacenada en nuestra memoria, lo que nos permite darle sentido a la realidad.

En términos generales, esto implica que nuestra percepción es más una interpretación de la realidad que la recepción pasiva de información sensorial.

En el caso de la visión, además del color y el movimiento, la percepción de la profundidad nos permite identificar los objetos y su relación con nosotros. Solo de esta forma es posible interactuar de forma adecuada con la realidad.

Ahora bien, para percibir la profundidad, es importante recibir información respecto a los patrones de luz y oscuridad en la superficie de los objetos. A su vez, para conocer los patrones de sombra de los objetos, es importante identificar la posición de la fuente de luz que sirve de iluminación.

Sin embargo, la posición de esta fuente de luz no siempre es explicita. En este caso, existe un sesgo perceptivo a partir del cual asumimos que la luz se origina en la parte superior de los objetos. Por tanto, existe una tendencia a observar los objetos de cierta manera cuando no queda clara la posición de la fuente de iluminación.

Este sesgo se presenta debido a que hemos evolucionado en un mundo con una fuente de luz superior: el sol. Sin embargo, no todas las personas experimentan este mismo sesgo, lo que puede alterar el proceso perceptivo, haciendo que dos personas perciban el mismo objeto de forma distinta.

Nuestros sesgos perceptivos influyen sobre nuestra interpretación de la realidad

Para percibir la profundidad, es necesario ubicar la fuente de iluminación.

La mayoría de las personas experimentan un sesgo perceptivo a partir del cual, cuando no se tiene total claridad respecto a la fuente de luz de los objetos, se intuye que esta se encuentra en la parte superior izquierda de estos. No obstante, se ha demostrado que este sesgo no ocurre en todas las personas.

Por ejemplo, aquellos que leen de derecha a izquierda, como los árabes, suelen mostrar un sesgo hacia la derecha, en lugar de la izquierda. Igualmente, las personas que han sufrido un traumatismo cerebral en el lóbulo parietal derecho, suelen mostrar un sesgo de fuente de iluminación hacia la derecha.

Así, la cultura o los cambios a nivel cerebral, pueden dar origen a diferencias subjetivas en los procesos perceptivos. Por tanto, es probable que personas con diferentes sesgos perciban ciertos objetos de forma cóncava, mientras que otras los perciban de forma convexa.

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Finalmente, los expertos aseguran que estas diferencias perceptivas podrían explicar por qué algunas personas ven determinados objetos de una forma, mientras que otras los perciben de forma distinta.

En última instancia, es importante entender que interpretamos la realidad en función de nuestros propios sesgos, por lo que esta interpretación puede diferir de la de los demás.

Referencias:

  1. Where is the sun?. https://doi.org/10.1038/630
  2. Perception viewed as an inverse problem. https://doi.org/10.1016/S0042-6989(01)00173-0

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