La mayoría de las personas que se encuentran en una relación de pareja, esperan fidelidad y exclusividad. Cuando se incumple este acuerdo, generalmente se da por terminada la relación. Así, la monogamia parece ser la regla más importante en lo que a una relación de pareja respecta.

Sin embargo, el ser humano no tiene un pasado monógamo y muchos biólogos argumentan que, por naturaleza, nuestra especie tiende hacia la poligamia. Veamos qué tiene por decir la ciencia sobre esto.

No, el ser humano no es monógamo por naturaleza

El tema de la monogamia humana ha despertado el interés de los científicos desde hace mucho tiempo. Al respecto, muchos se han dedicado a analizar distintas fuentes de información para dar con una respuesta definitiva. Sin embargo, no ha sido sencillo llegar a una conclusión sobre el tema.

En principio, debemos tener en cuenta que la proporción de mamíferos que practican la monogamia son una minoría. En total, se plantea que solo el 3% de los mamíferos son monógamos. Aunque hay quienes sostienen que esta cifra solo llega al 1%.

Adicionalmente, de acuerdo a las investigaciones, ninguna de estas especies monógamas incluye a los primates.

Esto se debe a razones puramente evolutivas. En este caso, el sistema reproductivo más eficaz, en la mayoría de las especies, es la poliginia; es decir, cuando el macho dominante fecunda a varias parejas al mismo tiempo.

Técnicamente, esto garantiza la transmisión del material genético del espécimen más apto, asegurando la supervivencia de la especie.

Aún más, de todas las sociedades humanas de las que se ha tenido registro, hasta el 83% ha practicado la poligamia. Incluso, en la actualidad, solo 43 de las 238 sociedades humanas existentes en el mundo practican la monogamia. No obstante, estos grupos son más numerosos que el resto.

Por su parte, una buena parte de los científicos argumentan que, a nivel biológico, el ser humano está preparado para la poligamia.

La teoría del espermatozoide ganador

Además de las evidencias basadas en las prácticas reproductivas del pasado, los científicos echan mano de ciertos rasgos de nuestro organismo que apoyan esta idea. Estos planteamientos se conocen como la teoría del espermatozoide ganador.

Según esta teoría, el tamaño de los testículos del hombre y la cantidad de espermatozoides producidos, representan evidencias irrefutables de que el ser humano es polígamo por naturaleza. En este sentido, se supone que el tamaño de los testículos del hombre representa una mejor capacidad reproductiva.

Así, en la medida en la que los testículos adquieren mayor tamaño en una determinada especie, se espera que los machos sean capaces de fecundar a una mayor cantidad de hembras, garantizando la transmisión de su material genético y la supervivencia de la especie.

Algo similar ocurre con la producción de espermatozoides. De acuerdo a esto, el hombre produce una mayor cantidad de células reproductivas en una menor cantidad de tiempo, en comparación con la mujer, a fin de tener la posibilidad de fecundar a una mayor cantidad de hembras en un corto espacio de tiempo. Sin embargo, esta teoría ha sido duramente criticada y objetada por estar enmarcada en creencias sexistas.

Más allá de las críticas, la mayoría de los científicos están de acuerdo al afirmar que no, el ser humano no es monógamo por naturaleza.

Aun así, la mayoría de las personas practican la monogamia como uno de los principios más importantes dentro de una relación de pareja. Tal como veremos a continuación, esta idea surge como una convención social que perseguía la consecución de varios objetivos.

¿Cuándo empezamos a ser monógamos?

Si bien los registros indican que nuestros antepasados practicaban la poligamia, se tienen evidencias de que el ser humano adoptó la monogamia como práctica reproductiva en la era del Neolítico.

Para ese momento, nuestra especie inventó la agricultura y abandonó su estilo de vida nómada, asentándose en poblaciones estables. Todo esto se tradujo en el desarrollo del concepto de propiedad. Este fue el principal hito que marcó el inicio de la monogamia humana.

De hecho, se observa que en la mayoría de las sociedades de cazadores y recolectores nómadas que sobreviven en la actualidad, no existe nada parecido a la monogamia. Así, en el Neolítico, el ser humano, tras asentarse en poblaciones estables y desarrollar el concepto de propiedad, se vio obligado a desarrollar prácticas que protegieran sus haberes.

Esto tuvo influencia en una gran cantidad de comportamientos humanos, incluyendo la sexualidad. En este caso, el ser humano adoptó la monogamia por diversas razones, entre las que se incluye proporcionar un mejor cuidado a los hijos, asegurar la herencia y la disponibilidad de las mujeres, entre otras. Revisémoslas con más detalle.

Cuidar y proteger a las crías

Algunos investigadores plantean que la monogamia surgió en el ser humano como una estrategia para evitar el infanticidio. En una buena parte de las especies animales, los machos dominantes asesinan las crías de sus competidores para aparearse con las hembras y asegurar su descendencia.

En el pasado, el ser humano no escapaba de ello. Sobre la base de esto, científicos proponen que la monogamia surgió como una estrategia para evitar esta práctica. Así, se supone que cada macho se encarga de su descendencia, disminuyendo las cifras de muerte infantil.

Adicionalmente, es importante tener en cuenta que las crías humanas son más vulnerables durante sus primeras etapas de desarrollo en comparación con otras especies. Al respecto, se plantea que la monogamia surge a fin de asegurar la participación del hombre en la crianza, reduciendo el período de dependencia infantil.

De esta manera, las mujeres tendrían una mayor disponibilidad para dedicarse a otras labores y continuar apareándose. En la misma línea, esto explicaría por qué las mujeres suelen ser más conservadoras a la hora de elegir a sus parejas.

Según esto, teóricamente, las mujeres buscan una pareja que pueda comprometerse al cuidado de la familia, asegurando su supervivencia.

Asegurar la disponibilidad de hembras

Otra hipótesis desarrollada para explicar la monogamia humana plantea que esta práctica de reproducción surgió en sociedades con baja densidad de hembras. De acuerdo a esta hipótesis, la monogamia se impuso en estos grupos como una estrategia para asegurar la descendencia al garantizar el acceso a las hembras.

Al respecto, los investigadores plantean que el cambio en los patrones dietéticos del ser humano redujo la densidad femenina, por lo que fue necesario adoptar la monogamia como practica a fin de mantener el acceso a las hembras y reproducirse.

En este sentido, la mejor estrategia para los hombres fue quedarse con una sola mujer, defenderla y asegurarse de que todas las crías fuesen de él. No obstante, esta teoría está basada principalmente en estudios con animales y algunos critican que sea extrapolada al ser humano.

Evitar la transmisión de enfermedades

Algunos teóricos explican que la monogamia inició como una forma de evitar enfermedades de transmisión sexual. Específicamente, se plantea que, a medida que las sociedades fueron creciendo, se desarrollaron jerarquías.

Entonces, los líderes de cada grupo impusieron la monogamia, castigando a aquellos que no la respetaban, pues contribuían a la transmisión de enfermedades.

Al respecto, se plantea que las infecciones persisten con mayor facilidad en sociedades grandes, lo que le resta ventajas a la poligamia y hace que la monogamia sea más beneficiosa. En este sentido, la monogamia surgiría como un método de control social impuesto por los líderes para evitar la transmisión de peligrosas infecciones.

La monogamia como estrategia de control económico

La mayoría de los investigadores están de acuerdo con la idea de que la monogamia y, más específicamente el matrimonio, se establecieron como la forma dominante y prácticamente obligatoria de control social, debido a razones económicas.

Luego del Neolítico, a medida que las sociedades agrícolas fueron creciendo, las tierras disponibles empezaron a escasear. En este sentido, dividir las tierras entre demasiadas personas reducía su valor. De esta manera, la monogamia permitió resolver este problema pues aseguraba que solo los verdaderos herederos de la familia recibieran las posesiones de sus padres.

Así, la monogamia surge como un método eficaz de organizar las sociedades en unidades familiares, manteniendo un estricto control económico y social.

¿Por qué la monogamia sigue siendo la norma dominante?

A ciencia cierta, las razones que explican la adopción de la monogamia ya no tienen tanta validez en la actualidad.

Así, existen mecanismos para evitar el infanticidio, las personas ya no necesitan de su pareja para criar a los hijos, existen métodos para prevenir las enfermedades de transmisión sexual y se han desarrollado sistemas para evitar problemas relacionados con la herencia.

A pesar de ello, la mayoría de las personas alrededor del mundo prefieren la monogamia, castigando otras prácticas de reproducción. Actualmente, casi todas las personas aceptan la monogamia como una norma social inquebrantable debido a que esta ha pasado de generación en generación, dejando una huella difícil de borrar en la mente humana.

La monogamia es una convención social

Si bien los científicos han sido claros al afirmar que la monogamia no es una práctica natural en el ser humano, el concepto de “lo natural” debe ser analizado críticamente. En este sentido, es necesario tener en cuenta que el ser humano es un organismo biopsicosocial.

Esto quiere decir que el comportamiento humano no se reduce únicamente a lo biológico, es decir, a lo que “le viene por naturaleza”. Más bien, el ser humano funciona a partir de la interacción entre su dimensión biológica, su dimensión psicológica y su dimensión social. Cada una de ellas tiene una influencia particular y ninguna se supedita a la otra.

Por tanto, no sorprende que una convención social, como lo es la monogamia, pueda sustituir algo para lo que estamos preparados biológicamente. En pocas palabras, si bien el ser humano puede tener una tendencia biológica hacia la poligamia, las convenciones sociales le han predispuesto hacia la monogamia.

Por tanto, no se trata de afirmar que una práctica sea mejor que otra, sino que cada una es explicada en función de distintos factores y ambas tienen tanto ventajas como desventajas. En todo caso, se trata de entender por qué nos comportamos como lo hacemos y adoptar las convenciones que mejor se ajusten a nuestras preferencias y necesidades, siempre con el consentimiento de cualquier otra persona que esté involucrada.

Referencias:

  1. Human Monogamy. https://www.doi.org/10.1126/science.282.5391.1047c
  2. Monogamy, strongly bonded groups, and the evolution of human social structure. https://doi.org/10.1002/evan.21345
  3. Male infanticide leads to social monogamy in primates. https://doi.org/10.1073/pnas.1307903110

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