Un estudio realizado por científicos de la Universidad de Duke encontró que la presentación de alimentos más saludables, pero no muy apetecibles, junto con los menos saludables, pero sabrosos, puede aumentar las posibilidades de que el consumidor elija la opción más saludable.

Los investigadores llegaron a esta conclusión luego de realizar una prueba en la que pidieron a los participantes del estudio que evaluaran la utilidad y el sabor de los productos, y luego seleccionaran uno de ellos, cambiando otros productos de su entorno.

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Deseable o saludable

Con el propósito de reducir las tasas crecientes de obesidad, los restaurantes de comida rápida y las cadenas de supermercados presentan opciones nuevas y más saludables,  como ensaladas, sándwiches de pan integral o bebidas sin azúcar, así como información sobre el valor nutricional de los alimentos en el menú o en el empaque.

La comida saludable suele estar separada del resto de la comida, lo que podría no ser la estrategia más eficiente para cambiar los hábitos alimentarios de la población.

Sin embargo, la investigación del mercado muestra que esta política no afecta en gran medida los hábitos alimentarios de las personas.

Una explicación de la ineficacia de usar opciones saludables en el menú puede ser que generalmente se muestran por separado, lo que puede parecer menos deseable para los consumidores que otras opciones del menú principal.

Con esto en mente, el equipo de investigadores realizó un experimento en el que 79 participantes tuvieron que hacer una elección a favor de ciertos productos, entre los cuales se encontraban algunas alternativas saludables.

Al comienzo del experimento, se les pidió a los participantes que calificaran cada producto en función de cuán deseable o cuán saludable consideraban el producto.

Después de eso, a los participantes se les mostraron dos pares de productos. Por ejemplo, si un participante consideró que las galletas y una barra de chocolate son sabrosas, pero no saludables, y el atún enlatado y las espinacas picadas, saludables, pero no muy sabrosas, cada participante tuvo que elegir, en primer caso, entre atún y espinacas o galletas y espinacas, y en segundo caso, atún y chocolate o galletas y chocolate.

Los científicos midieron la proporción de las elecciones realizadas, y también analizaron los movimientos oculares hacia ciertos productos.

El contexto influye en la elección

Los resultados revelaron que cuando los participantes tuvieron la opción de elegir una opción sabrosa pero poco saludable, que estaba al lado de una opción saludable, casi siempre elegían la comida poco saludable.

Los autores señalan que sería conveniente y efectivo “diluir” las opciones saludables entre la sección de bocadillos.

Sin embargo, cuando una opción saludable se colocó junto a alternativas poco saludables, aproximadamente la mitad de los participantes eligió la opción saludable.

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El investigador Scott Huettel, profesor en el Departamento de Psicología y Neurociencia de la Universidad de Duke y coautor del estudio, se refirió a los resultados del experimento y explicó:

“En nuestro estudio observamos que a las personas a las que se les presentó un alimento saludable y otro no saludable, la mayoría de las veces escogió en función del sabor y eligió la opción menos saludable. Pero cuando se agregaron más opciones no saludables, parece que repentinamente las opciones saludables se destacaron, y su elección se hizo más frecuente”.

Los resultados del estudio pueden tener importancia práctica. En los restaurantes y las tiendas de comestibles, la comida saludable suele estar separada del resto de la comida, lo que podría no ser la estrategia más eficiente para cambiar los hábitos alimentarios de la población; en su opinión, los autores señalan que una manera más conveniente y efectiva sería “diluir” las opciones saludables entre la sección de bocadillos.

Referencia: Indulgent Foods Can Paradoxically Promote Disciplined Dietary Choices. Psychological Science, 2019. https://doi.org/10.1177/0956797618817509

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