La alimentación emocional se define como el consumo excesivo de alimentos en respuesta a emociones negativas. En general, se ha encontrado que los individuos que se consideran comedores emocionales, corren el riesgo de ganar peso por el consumo excesivo, lo que a largo plazo podría conducir a un cuadro de obesidad.

Si bien existen muchos otros factores que impulsan el sobrepeso, desde un punto de vista integral, es importante entender cómo las emociones pueden influir en el aumento de peso.

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Desregulación emocional

Se ha propuesto que la alimentación emocional es una estrategia utilizada cuando las personas no son capaces de regular sus emociones de manera efectiva. Esta desregulación emocional implica la combinación de la vulnerabilidad emocional y la incapacidad para modular las respuestas emocionales, y se cree que abarca tres elementos: dificultad para identificar y describir emociones; la regulación de las emociones y las conductas subsiguientes.

Los investigadores encontraron que las personas que no eran capaces de identificar sus propias emociones generalmente tenían un IMC más alto.

Comprender las emociones implica poder identificarlas y describirlas a los demás. Ser incapaz de hacer esto es parte de un rasgo de personalidad llamado alexitimia, que literalmente significa “no tener palabras para las emociones”, lo que se estima afecta hasta a un 13 por ciento de la población.

Hasta la fecha, los vínculos entre la desregulación emocional y el aumento de peso no se han entendido completamente. En este sentido, un equipo de investigadores propone un nuevo modelo que sustenta la relación entre la alexitimia y la alimentación emocional.

Los investigadores proponen que la alexitimia, el afecto negativo (niveles generales de depresión y ansiedad), la urgencia negativa (actuar de manera precipitada en respuesta a las emociones negativas) y la alimentación emocional, pueden desempeñar un papel en el aumento del índice de masa corporal (IMC).

Vínculo directo

Para demostrar el modelo, los investigadores analizaron los datos de más de 300 voluntarios con edades entre 18 y 64 años, encontrando un vínculo directo entre la dificultad para identificar las emociones y el aumento del IMC.

La alimentación emocional se define como el consumo excesivo de alimentos en respuesta a emociones negativas.

En general, señalan los autores del estudio, independientemente de otros factores, las personas que no pudieron identificar sus propias emociones generalmente tenían un IMC más alto.

Si bien el mecanismo preciso por el cual las emociones impulsan la alimentación emocional y su impacto en el IMC no está claro, este estudio representa un primer paso para desarrollar un modelo de IMC que incluya múltiples factores.

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Debido a que la alimentación emocional es una estrategia de afrontamiento para las emociones, es importante considerar cómo la regulación emocional se relaciona con la pérdida de peso y los programas de manejo.

En tal sentido, los investigadores sugieren que mejorar la capacidad de identificar y describir emociones puede reducir la tendencia de una persona a recurrir a la comida, lo que puede tener efectos positivos en su salud.

Referencia: A serial mediation model of the relationship between alexithymia and BMI: The role of negative affect, negative urgency and emotional eating. Appetite, 2019. https://doi.org/10.1016/j.appet.2018.11.014

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