A medida que pasan los años, podemos notar que el tiempo pasa cada vez más rápido. Es como si el reloj se acelerara con el paso de los años. Sin embargo, si bien el tiempo medido en función del reloj es constante, nuestra percepción del tiempo es relativa.

De hecho, nuestra percepción del tiempo varía constantemente, dependiendo de las actividades que realizamos, de la edad e, incluso de qué tanto hemos descansado. Así, a medida que envejecemos, nuestro cerebro y nuestras actividades cambian, haciendo que percibamos una especie de aceleración del tiempo.

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El tiempo real y el tiempo percibido son fenómenos distintos

El paso de las horas, días y años en función de relojes y calendarios es constante e inmutable. No obstante, nuestra percepción del tiempo es un fenómeno relativo que depende de varios factores.

En este sentido, la percepción del tiempo depende del funcionamiento de nuestra mente y de otros procesos biológicos. Algunos elementos sumamente importantes que influyen sobre este fenómeno son nuestra visión y los procesos cognitivos. De esta manera, el paso del tiempo depende de nuestra percepción de los estímulos.

En pocas palabras, a medida que el tiempo y la velocidad del procesamiento físico de las imágenes mentales cambian, también se modifica nuestra percepción del tiempo.

Sobre la base de este planteamiento, podría decirse que cada persona tiene su tiempo mental. Esta percepción es independiente al paso de las horas, los días y los años medidos en función de relojes y calendarios.

Nuestra percepción del tiempo se relaciona con la cantidad de imágenes mentales que nuestro cerebro proceso y organiza. Así, a medida que envejecemos, nuestro cerebro cambia y, por tanto, la percepción del tiempo cambia.

Cuando nos hacemos mayores, la velocidad de percepción de las imágenes mentales disminuye debido al deterioro de los sistemas visuales y al aumento de la complejidad de nuestro cerebro. Todos estos cambios en el procesamiento mental se traducen en la sensación de que el tiempo se ha acelerado.

La fatiga y la complejidad cerebral alteran nuestra percepción del tiempo

A medida que envejecemos, percibimos que el tiempo pasa más rápido. Sin embargo, esto puede cambiar.

Para entender el fenómeno, es importante tener en cuenta los movimientos sacádicos oculares. Estos movimientos son movimientos rápidos e inconscientes en el ojo que permiten que nuestros ojos capten imágenes que luego serán procesadas a nivel cerebral.

Así, a medida que nos hacemos mayores, los periodos de fijación ocular son más largos, lo que se percibe como una aceleración del tiempo. Adicionalmente, a medida que envejecemos, procesamos menos estímulos nuevos, lo que contribuye a esta sensación.

También, nuestro nivel de descanso influye sobre los movimientos sacádicos. La fatiga aumenta las pausas entre estos movimientos oculares, lo que produce señales cruzadas. Por tanto, el cerebro no puede procesar la información de forma adecuada y se percibe que el tiempo pasa a mayor velocidad.

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Asimismo, a medida que envejecemos, la complejidad del cerebro aumenta, pues hay más conexiones neuronales. Esto influye sobre nuestra percepción del tiempo, haciéndonos parecer que pasa cada vez más rápido.

En conclusión, los factores que explican este fenómeno giran en torno al envejecimiento cerebral y a la calidad de descanso que hemos experimentado. La buena noticia es que, durmiendo las horas recomendadas y manteniendo hábitos saludables, podemos disminuir esta sensación.

Referencia: Age Effects in Perception of Time. https://doi.org/10.2466/pr0.97.3.921-935

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