El insomnio es un problema de salud común; un tercio de la población informa de quejas de sueño y aproximadamente el 10 por ciento cumple con los criterios diagnósticos para el trastorno de insomnio, lo que lo convierte en el segundo trastorno mental más prevalente.

A pesar de la alta prevalencia, la considerable heredabilidad del insomnio y la identificación de genes que confieren un riesgo asociado, ha sido difícil caracterizar el insomnio de manera consistente con respecto a la cognición, el estado de ánimo, los antecedentes familiares, los eventos de la vida, la personalidad, entre otros factores.

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Un mejor entendimiento

Tales inconsistencias sugieren subtipos no reconocidos del trastorno de insomnio y retrasan el progreso en la comprensión de sus mecanismos subyacentes, un entendimiento que podría mejorar las intervenciones.

Los hallazgos de esta investigación podrían promover descubrimientos sobre mecanismos hasta ahora desconocidos, así como el desarrollo de intervenciones innovadoras para tratar el insomnio.

Con la ayuda de miles de voluntarios, un equipo de investigadores del Instituto Holandés de Neurociencia (NIN, por sus siglas en inglés), realizó un estudio sobre el insomnio cuyos resultados revelaron por qué ha sido tan difícil encontrar mecanismos cerebrales consistentes y efectos de tratamiento.

La doctora Tessa Blanken, académica en el Departamento de Sueño y Cognición del NIN, manifestó:

“Si bien siempre hemos considerado que el insomnio es un trastorno, en realidad representa cinco trastornos diferentes. Los mecanismos cerebrales subyacentes pueden ser muy diferentes”.

Los investigadores identificaron los subtipos con una visión que sobrepasa las tradicionales quejas del sueño. Para este propósito, el equipo evaluó docenas de cuestionarios sobre rasgos de personalidad que se sabe que están enraizados en la estructura y función del cerebro. De la observación de los perfiles de rasgos de personalidad, el equipo identificó 5 subtipos de insomnio.

El tipo 1 tiene una puntuación alta en muchos rasgos angustiantes, como el neuroticismo y el sentirse deprimido o tenso. Los tipos 2 y 3 experimentaron menos angustia y se distinguieron por su baja sensibilidad a la recompensa (respuestas endebles a las emociones placenteras). Los tipos 4 y 5 experimentaron aún menos angustia y diferían por la forma en que su sueño respondía a los eventos estresantes de la vida.

Diferenciación relevante

Los voluntarios que fueron examinados nuevamente después de cinco años, en su mayoría retuvieron su propio tipo de insomnio, lo que sugiere un anclaje en el cerebro.

Una de cada diez personas sufre de insomnio crónico: el segundo trastorno mental más frecuente y agobiante.

El establecimiento de subtipos tiene relevancia clínica. La efectividad del tratamiento con pastillas para dormir o terapia cognitiva conductual difirió según el tipo, y el riesgo de desarrollar una depresión varió dramáticamente.

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Esta diferenciación permite una investigación mucho más eficiente en la prevención de la depresión, invitando específicamente a aquellos con el mayor riesgo.

Los autores del estudio señalaron que los hallazgos de esta investigación, podrían ser una página nueva en la historia del insomnio, promoviendo descubrimientos sobre mecanismos hasta ahora desconocidos, así como el desarrollo de intervenciones innovadoras.

Referencia: Insomnia disorder subtypes derived from life history and traits of affect and personality. The Lancet Psychiatry, 2019. https://doi.org/10.1016/S2215-0366(18)30464-4

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