En ocasiones, la vida se parece a un juego de cartas. En este sentido, constantemente tenemos que tomar decisiones que pueden implicar ciertos riesgos. Al respecto, según un resultado reciente, nuestro cerebro decide si nos arriesgamos o no, en función del efecto de nuestras elecciones pasadas.

Específicamente, tras llevar a cabo un experimento, un equipo de investigadores descubrió que, a la hora de tomar decisiones riesgosas, el cerebro elige una alternativa en función de los efectos de nuestro comportamiento en el pasado.

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El efecto de las apuestas pasadas influye sobre las apuestas futuras

Con el objetivo de comprender cómo y por qué las personas asumen riesgos a pesar de tener las probabilidades en contra o viceversa, un equipo de investigadores desarrolló un experimento en el que participaron personas con implantes cerebrales.

Específicamente, estas personas tenían un implante cerebral como método terapéutico para las convulsiones. Sin embargo, este mecanismo le permitió a los científicos medir su actividad cerebral en tiempo real mientras tomaban decisiones riesgosas a la hora de involucrarse en un juego de cartas.

El juego constaba de una baraja infinita de cartas en las que solo podían aparecer cinco valores distintos; a saber, 2, 4, 6, 8 y 10. Todas las cartas tenían las mismas probabilidades de ser repartidas en cada ronda pues luego de estas, las cartas regresaban a la baraja.

Específicamente, en cada ronda, se mostraban dos cartas en una pantalla de computadora, una boca arriba, la del jugador, y otra boca abajo, la de la computadora. La idea era que los participantes apostaran cinco o diez dólares si creían que el valor de su carta era superior al de la computadora.

De esta forma, se observó que cuando se repartía un 2, un 4, un 8 o un 10, los participantes apostaban de forma rápida e instintiva. No obstante, cuando se repartía un 6, los participantes dudaban. Por tanto, en esta situación la apuesta dependía de los resultados de sus apuestas previas, independientemente de que las probabilidades fuesen las mismas.

Es decir, ante esta situación, la apuesta se basaba en el desempeño de las apuestas pasadas, aunque los eventos fuesen totalmente independientes.

Nuestro cerebro toma decisiones sesgadas a la hora de arriesgarse

Dependiendo de los niveles de activación en uno de los hemisferios cerebrales, nos arriesgamos o no.

Tal como se demostró, a la hora de tomar decisiones riesgosas, nos basamos en el resultado de nuestras elecciones pasadas. Este fenómeno, a nivel cerebral, produjo resultados interesantes.

Durante el juego, los investigadores observaron un predominio de ondas cerebrales gamma de alta frecuencia que se asociaron de forma positiva o negativa con el comportamiento de riesgo dependiendo del caso.

Ante los riesgos que traen resultados positivos, el cerebro se ve presionado a continuar apostando. Esto se traduce en una mayor activación del hemisferio derecho. Por otro lado, ante resultados desfavorables, predomina la activación del hemisferio izquierdo. Cuando esto ocurre, es menos probable que se tome una decisión riesgosa.

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Además, los investigadores descubrieron que los resultados inmediatos tienen más influencia sobre las decisiones presentes en comparación con las elecciones pasadas. Estos resultados, de acuerdo a los investigadores, permiten comprender la tendencia de ciertas personas a asumir conductas de riesgo.

Adicionalmente, la investigación puede arrojar luces respecto al funcionamiento cerebral de los soldados que deben tomar decisiones de riesgo en situaciones de combate. Comprender estos procesos podría facilitar el desarrollo de un entrenamiento cerebral para optimizar su funcionamiento.

Referencia: Risk-taking bias in human decision-making is encoded via a right–left brain push–pull system, (2019). https://doi.org/10.1073/pnas.1811259115

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