Todo el mundo anhela contar con un sistema inmunológico más fuerte, y con ese propósito, muchas personas hacen ejercicios, se vacunan contra la gripe e incorporan frutas y verduras a su dieta. Pero resulta que un sistema inmune robusto no siempre es algo beneficioso.

Son muchos los componentes que conforman el sistema inmunológico, uno de ellos son los llamados macrófagos: un tipo versátil de glóbulo blanco producido en la médula ósea, que se ocupa de eliminar el tejido muerto y combatir las enfermedades al atacar a los microbios.

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Instrumentos de su propia destrucción

Los macrófagos tienen un rol protagónico en las tarea de salvaguardar la salud y son sorprendente autónomos. Funcionan de forma muy parecida a las amebas solitarias: pueden moverse por sí mismos y se alimentan de las células muertas con las que tropiezan, por lo que tienen una fuente de sustento independiente del torrente sanguíneo.

Cuando las células cancerosas se emparejan con un macrófago útil, obtienen un pase libre que les da acceso a todo el cuerpo.

Desafortunadamente, los macrófagos tienen tanta autonomía que pueden tomar un giro traidor.

Por mucho tiempo los científicos han sabido que los macrófagos se agrupan alrededor de los tumores cancerosos; sin embargo, a principios de la década del 2000, notaron que los macrófagos no estaban combatiendo el cáncer o incluso siendo neutrales, por el contrario, estaban empeorando las cosas.

De hecho, los macrófagos son fundamentales para la forma en que el cáncer de mama y muchos otros tipos de cáncer hacen metástasis. Una vez que se emparejan con un macrófago útil, las células cancerosas, que no pueden migrar fácilmente por sí mismas, obtienen un pase libre que les da acceso a todo el cuerpo.

Los investigadores han descubierto que muchas células cancerosas pasan inadvertidas en el cuerpo porque tienen una molécula de superficie llamada CD47, la cual brinda a la perjudicial célula, un camuflaje químico que emite una señal que evita que la célula sea identificada como una amenaza, un truco que desconcierta están totalmente a los macrófagos.

Sin embargo, se ha comprobado que cuando se enfrentan a células cancerosas sin el camuflaje que proporciona la molécula CD47, los macrófagos entran en acción y los destruyen por completo. Como resultado, un tema de la investigación actual sobre el cáncer es cómo evitar que las células cancerosas produzcan CD47.

Dos caras

Se ha comprobado que cuando se enfrentan a células cancerosas sin el camuflaje que proporciona la molécula CD47, los macrófagos entran en acción y las destruyen por completo.

Para algunos científicos, la increíble flexibilidad de los macrófagos es una prueba de que, en cierto modo, son como las personas, capaces de un gran bien, fortaleciendo el sistema inmunológico, y de un gran mal, ayudando a que el cáncer haga metástasis.

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Más allá de la idea del cuerpo como un todo armonioso, la naturaleza de dos caras de los macrófagos implica que podrían ser agentes libres y “hacer lo que les da la gana” con poco interés en la salud del cuerpo en general.

Pero algunos investigadores, valiéndose de estimulaciones y terapias variadas, están trabajando en formas de enseñar a los macrófagos a no servir de instrumento para matarnos, lo que se conoce comúnmente como “reeducación de macrófagos”.

Referencias:

The role of the macrophage in immune regulation. Research in Immunology, 1998. https://doi.org/10.1016/S0923-2494(99)80039-X

The origin and function of tumor-associated macrophages. Cellular and Molecular Immunology, 2014. https://doi.org/10.1038/cmi.2014.83

Tumour-associated macrophage polarisation and re-education with immunotherapy. Frontiers in Bioscience, 2015. https://doi.org/10.2741/E735

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