Si bien en la última década hemos disfrutado de grandes avances científicos, hay mitos comunes que las personas aún mantienen como si fuesen ciertos. Por ejemplo, muchas personas creen que echar sal en el agua antes de hervirla, hará que esta alcance el punto de ebullición a mayor velocidad. No obstante, se ha demostrado que esto no es cierto.

Así como este, hay muchos otros mitos que se repiten constantemente y pasan de generación en generación, a pesar de que la ciencia ha producido evidencias que los desmienten. Veamos algunos de ellos junto a su explicación científica.

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Echarle aceite al agua para la pasta

La gran mayoría de las personas alrededor del mundo, le echan unas cucharadas de aceite al agua cuando van a cocinar pasta. Se cree que esto evitará que se pegue. Sin embargo, los italianos más tradicionalistas se horrorizarían al ver esta práctica.

Al respecto, los expertos plantean que agregar aceite a la pasta, además de ser innecesario, evitará que la salsa se adhiera a los fideos, restándole sabor al plato. En este caso, añadir aceite a la cocción de pasta solo resultará en una masa de fideos aceitosos y desabridos.

La sal hace que el agua hierva más rápido

Siguiendo en el ámbito culinario, muchas personas creen que agregar sal al agua que se va a hervir hará que esta logre el punto de ebullición más rápido. Si bien esto puede ser parcialmente cierto, se necesitarían grandes cantidades de sal para lograr este efecto.

Sobre este mito, los expertos plantean que cuando la temperatura del agua se eleva, las moléculas empiezan a moverse más rápido, por lo que chocan con mayor frecuencia y liberan una mayor proporción de moléculas de gas de vapor.

Los iones de la sal pueden tomar un poco de este espacio, provocando menos colisiones entre las moléculas de agua, lo que implica una menor liberación de moléculas de vapor. Esto significa que se requiere de una temperatura más alta para que el agua salada empiece a hervir.

No obstante, para elevar en un grado el punto de ebullición de un litro de agua se requieren aproximadamente 58 gramos de sal. En este sentido, teniendo en cuenta que el agua empieza a hervir a los 100 grados, se requieren grandes cantidades de sal para lograr que este líquido alcance el punto de ebullición de forma más rápida.

Los inodoros del hemisferio Norte y Sur giran en sentidos opuestos

Este es un mito ampliamente difundido; de hecho, lo hemos visto en innumerables series de televisión y producciones cinematográficas. A grandes rasgos, se cree que mientras que el agua de los inodoros del hemisferio Norte gira en una dirección, el agua de los inodoros del hemisferio Sur giran en el sentido opuesto.

Esto tiene que ver con el efecto Coriolis. El efecto Coriolis es un fenómeno que se observa en un sistema de referencia en rotación cuando los cuerpos se encuentran en movimiento respecto a dicho sistema. A grandes rasgos, este fenómeno implica la existencia de una aceleración perpendicular relativa del mencionado cuerpo en torno al eje de rotación del sistema y su velocidad.

A modo de ilustración, por efectos de la rotación de la Tierra, los huracanes y tornados que ocurren en el hemisferio Norte del planeta giran en el sentido contrario a las agujas del reloj, mientras que estos mismos eventos meteorológicos siguen una dirección opuesta en el hemisferio Sur.

Sin embargo, este efecto no se observa en los inodoros convencionales. Estas estructuras no tienen el tamaño suficiente como para observar el efecto Coriolis.

La regla de los 5 segundos

Cuando alguien está comiendo y se le cae un trozo de comida, se suele decir que, sí recoge los alimentos antes de que hayan transcurrido cinco segundos, podrá disfrutar de su bocado sin riesgos de enfermarse por alguna bacteria que haya estado en contacto.

Así, se trata de un mito ampliamente difundido que establece una ventana temporal de cinco segundos antes de que gérmenes y bacterias infecten alimentos que han caído al suelo. Sin embargo, la mayoría de los investigadores no están de acuerdo con esta regla.

Para analizar esta regla, los científicos han dejado caer comida en diferentes superficies, dejando que permanezca allí determinadas cantidades de tiempo. Así, se ha observado que bien sea que la comida haya caído en madera o en una alfombra, al hacer contacto con la superficie, puede contaminarse.

La buena noticia es que, a menos que la superficie del suelo esté gravemente contaminada, en la mayoría de los casos no ocurrirá nada si comemos algo que ha caído el suelo. Sin embargo, la mejor recomendación es evitar cualquier riesgo y desechar cualquier alimento que pueda estar contaminado.

¿El vidrio es líquido?

Muchas personas están convencidas de que el vidrio, antes de solidificarse, es un líquido. Prueba de ello lo encuentran en ventanas viejas que son más gruesas en la parte inferior, en comparación con la superior.

Sin embargo, este fenómeno tiene más que ver con el proceso de fabricación de las ventanas antiguas, más que con el vidrio en sí mismo. En realidad, el vidrio es un sólido amorfo.

Esto quiere decir que el vidrio es una sustancia de mayor rigidez que un líquido, pero menos rígido que un sólido puro. De lo que si no quedan dudas es que, definitivamente, el vidrio no es un líquido.

Si nadas después de comer, te puedes ahogar

Muchas madres preocupadas le prohíben a sus hijos que entren al mar o a la piscina hasta al menos una hora después de comer. Según el mito, si una persona nada después de comer, existen bastantes probabilidades de que se ahoguen.

Lo más llamativo del caso es que las madres suelen acompañar esta advertencia con la historia de un conocido lejano que murió tras meterse al agua luego de una copiosa comida. Sin embargo, esto no es tan cierto como se cree.

Si bien diversas investigaciones han demostrado que nadar vigorosamente con el estómago lleno podría hacer que las personas sufran calambres, el riesgo de ahogamiento por esto es muy bajo. En este sentido, según los reportes, menos de 1% de los casos de ahogamiento se deben a esta causa.

Los perros jadean porque no pueden sudar

Las personas suelen creer que los perros no sudan. En la misma línea, se plantea que estos animales jadean constantemente a modo de compensación a falta de este mecanismo de regulación térmica. En este caso, el mito es parcialmente cierto.

Por un lado, si bien es cierto que la mejor forma que tienen los perros de regular su temperatura es a partir de los jadeos, estos animales si sudan.

Sin embargo, sus glándulas sudoríparas se encuentran en las superficies de piel que no están cubiertas de pelaje. Es decir, su nariz y las almohadillas de las patas.

“Científicamente comprobado”

Cuando las personas leen que algo está “científicamente comprobado”, depositan ciegamente toda su confianza en dicho planteamiento. Por tanto, muchas industrias se aprovechan de promocionar productos con beneficios “científicamente comprobados”.

No obstante, en la mayoría de las ciencias, nada está científicamente comprobado, a excepción de las matemáticas. En este caso, la prueba matemática es una cosa y la prueba científica es otra.

Cuando se demuestra una regla matemática, es prácticamente imposible refutarla. No obstante la ciencia trabaja de forma distinta. La ciencia tiene que ver con paradigmas, descubrimientos y prueba de hipótesis.

Por tanto, en la ciencia se demuestran cosas hasta que otros replican la investigación y refutan o reafirman los resultados, cambiando el paradigma. En este sentido, al hablar de ciencia, nada está absolutamente comprobado.

Genéticamente programados

Al hablar de genética, muchas personas creen que ya todo está previamente determinado. Así, si alguien es inteligente, se cree que sus genes le hacen inteligente. En este sentido, se tiene la creencia de que los genes son la causa última de nuestras cualidades.

No obstante, los científicos están bastante seguros de que los genes no son completamente determinantes. Más bien, los genes representan una serie de instrucciones que pueden llevarse a cabo de distintas maneras y con diferentes resultados dependiendo de determinadas circunstancias.

De esta manera, un solo gen puede asociarse a los mismos rasgos en una especie, pero manifestarse de distintas formas dependiendo del contexto.

Nuestro cerebro es el responsable de nuestras acciones

Similar al caso anterior, existe el mito de que nuestro cerebro nos predispone a ser y comportarnos de diferentes maneras. Bajo esta premisa, las personas suelen responsabilizar a la programación cerebral de determinadas circunstancias.

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Sin embargo, numerosas investigaciones han demostrado que el cerebro es demasiado flexible como para predecir el comportamiento de alguien. Esto quiere decir que no nacemos programados neurológicamente para comportarnos de determinada manera.

Más bien, a lo largo de la vida, dependiendo de nuestras experiencias, se van formando conexiones neuronales particulares que influyen en nuestro comportamiento. Aún más, estas conexiones pueden ir cambiando a lo largo de nuestras vidas, dependiendo de los hábitos que adquirimos o dejamos de lado.

Referencias:

  1. Ten Myths of Science: Reexamining What We Think We Know About the Nature of Science. https://doi.org/10.1111/j.1949-8594.1996.tb10205.x
  2. The Allusion of the Gene: Misunderstandings of the Concepts Heredity and Gene. https://www.doi.org/10.1007%2Fs11191-012-9510-4
  3. Coriolis effect on gravity-driven convection in a rotating porous layer heated from below. https://doi.org/10.1017/S0022112098002961

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