Todas las personas tienen una filosofía personal; si bien habrá algunos que tienen sus preceptos filosóficos más desarrollados que otros, cada persona, a lo largo de la vida, va desarrollando una filosofía de vida única y particular. Esto no tiene nada que ver con aprenderse los planteamientos de los grandes filósofos de la historia, como Aristóteles y Platón.

Tener una filosofía personal implica cuestionarse el lugar que se ocupa en el mundo, reflexionar sobre los criterios que definen lo que es el bien y lo que es el mal, darle sentido a la vida, si es que lo tiene, saber qué es lo que nos diferencia a los humanos del resto de los animales, entre otras cosas.

Este efecto óptico convierte el agua simple en deslumbrantes colores iridiscentes

Esto se va desarrollando a medida que nos exponemos a diferentes experiencias; sin embargo, podemos aprender un poco más acerca de nuestra filosofía personal con algunos ejercicios. A continuación, veremos una serie de experimentos filosóficos que nos harán reflexionar sobre nuestras creencias más arraigadas.

El dilema del prisionero

El dilema del prisionero inicia con la policía luego de arrestar a dos sospechosos de cometer un crimen. Las autoridades no tienen evidencias suficientes para acusarlos, por lo que dependen de su confesión. En este sentido, deciden separar a los posibles criminales y ofrecerles un trato: si uno confiesa y el otro no, el cómplice recibirá una condena de 10 años, mientras que el otro será liberado.

Si los dos confiesan, ambos recibirán una condena de seis años. Por último, en caso de que ambos se nieguen a cooperar, los dos serán encerrados en la cárcel solo por un año, acusados de un cargo menor.

Este experimento filosófico nos pone en la difícil posición de tomar una decisión teniendo información incompleta sobre la situación. Lo dilemático del asunto es que ambos prisioneros obtendrán el mejor resultado si se mantienen callados, pero, a nivel individual, pueden beneficiarse aún más. Sin embargo, cada uno depende del otro sin saber la alternativa que este escoja y cómo le afectará.

Mary conoce los colores pero nunca los ha visto

El dilema de Mary la neurocientífica se trata de la dualidad entre la experiencia y el conocimiento. Mary es una neurocientífica de grandes dotes intelectuales; sin embargo, se ha visto obligada a investigar el mundo desde un cuarto blanco y negro, a través de un televisor en blanco y negro.

Su especialidad es la Neurofisiología de la visión, para lo que usa toda la evidencia física que está a su alcance para aprender sobre los colores. Así, logra descubrir las longitudes de onda asociadas a cada objeto, dando como resultado cada color. Asimismo, aprende los mecanismos biológicos que explican la percepción del color y el proceso a partir del cual podemos nombrar cada tonalidad.

Ante esto, es válido preguntarse respecto a las posibilidades de aprendizaje de Mary cuando sea liberada de esta habitación o si aprenderá algo en caso de que se le proporcione un televisor a color.

Este juego mental fue creado por Frank Jackson, quien explica que, a pesar de que Mary sabe todo lo que se puede saber sobre los colores, nunca ha estado expuesta a ellos. Esto marca diferencias entre lo que puede ser el conocimiento y las experiencias reales.

Así, se trata de ir mas allá de lo que sabemos, cuestionando el conocimiento al exponernos a la realidad objetiva. En este sentido, se parte de la premisa de que no sabemos realmente lo que creemos saber, hasta que estamos expuestos a ello. En pocas palabras, se trata de entender que hay conocimientos que únicamente podemos adquirir gracias a la experiencia consciente.

Los juegos del lenguaje

El dilema del escarabajo en la caja es un curioso ejercicio, planteado por Ludwig Wittgenstein, para ilustrar sus planteamientos sobre los juegos del lenguaje. Para entenderlo, debemos imaginarnos a un grupo de personas; cada una de estas personas tiene una caja en cuyo interior hay algo que se llama “escarabajo”. Asimismo, cada participante puede ver únicamente el contenido que hay en la caja que le pertenece. A todos se les solicita una descripción de su escarabajo particular.

Sin embargo, cada persona conoce únicamente su escarabajo y existe la posibilidad de que haya cosas distintas en cada caja. Por tanto, los participantes no pueden formar parte de ese juego de lenguaje, pues al hablar del contenido de la caja, la palabra escarabajo termina teniendo como significado, lo que está en la caja de una persona, en lugar de la descripción del objeto en cuestión.

En este caso, el dilema da a entender que el escarabajo es como nuestra mente, por lo que somos incapaces de saber cómo es la mente de los otros sin participar de sus experiencias. Asimismo, se trata de explicitar la capacidad del lenguaje de construir el mundo y la realidad.

Así, cada persona, a partir de sus experiencias, va construyendo una interpretación idiosincrática del mundo y de su realidad gracias al lenguaje, pues le otorga significados particulares a cada situación; esto es lo que se conoce como los juegos del lenguaje. Entonces, si no nos involucramos en los juegos del lenguaje específicos de cada quien, será sumamente difícil, por no decir imposible, entender a las personas.

¿Una vida poco ideal pero real o una fantasía satisfactoria?

El ejercicio de la máquina de experiencias nos pone en la piel de Neo cuando debe tomar la decisión de desconectarse de la Matrix o continuar formando parte de ella. Imaginemos que se inventa una máquina que nos permitiría experimentar cualquier situación que deseamos. El equipo estimularía al cerebro para pensar y sentir que estamos viviendo esa gran experiencia que tanto anhelamos.

Sin embargo, en realidad, nuestro cuerpo estaría flotando en un tanque de agua, con electrodos conectados a nuestro cerebro. No seríamos conscientes de la realidad, pues la máquina nos proporcionaría una experiencia totalmente realista de todo aquello que deseamos vivir. De existir esta posibilidad, ¿formarías parte de ella?

El dilema detrás de este ejercicio implica que tenemos muy buenos motivos para conectarnos a esta máquina a fin de vivir eso que tanto deseamos. Sin embargo, esta no sería una experiencia real, sino una fantasía.

Esto genera un conflicto entre seguir formando parte de una realidad que, por lo general, está muy alejada de lo que consideramos ideal o conectarnos a una realidad falsa que nos proporcionaría sentimientos de bienestar y satisfacción. Se trata de establecer prioridades entre una realidad que puede ser poco complaciente, o sensaciones de bienestar basados en una fantasía.

La araña en el urinario

El siguiente ejercicio, más que ser un experimento, se trata de una historia que nos hace reflexionar respecto a los efectos que pueden tener nuestras acciones sobre la vida de los demás, a pesar de estar motivadas por buenas intenciones. Se trata de una historia de Thomas Nagel que forma parte de su ensayo “Nacimiento, muerte y el significado de la vida”.

Todo empezó con un profesor quien, al entrar al baño del lugar donde daba clase, vio a una pequeña y triste araña viviendo en el urinario. Esto le hizo pensar que el insecto tenía una vida horrible, pues todo el mundo orinaba sobre ella. Así, cada vez que entraba al baño, se encontraba esta triste escena, lo que le causaba angustia.

Ese no podía ser el hábitat natural de aquella araña, pero no podía escapar de aquel horrible lugar, ya que le resultaba imposible subir por la fría porcelana del urinario. De esta forma, un día, el Profesor decidió sacar a la araña de allí. Tomó una toalla de papel y la colocó al insecto sobre ella, para luego depositarla fuera del urinal, en el piso del baño.

La araña se quedó allí, sin moverse y cada vez que el Profesor volvía al baño, la encontraba exactamente en el mismo lugar. Al día siguiente, el Profesor se dio cuenta que la araña había muerto y su cadáver estuvo allí hasta que barrieron el suelo del baño.

Si bien el Profesor actuó con empatía, bajo la premisa de que la araña estaría mejor fuera del sucio urinario, la realidad le demostró lo contrario. Al final, más que hacerle bien al insecto, le hizo daño.

Esta historia nos invita a reflexionar sobre la forma en la que nos involucramos con las personas que nos rodean, especialmente a la hora de prestar algún tipo de ayuda. En ocasiones creemos que tenemos las mejores respuestas para ayudar a los demás; sin embargo, para prestar un apoyo real, el primer paso es conocer bien acerca de la realidad de los demás. De otra forma, en independencia de nuestras verdaderas intenciones, podemos terminar haciendo daño.

¿Una vida sin carne?

Para este ejercicio, debemos imaginarnos un mundo en el que a ninguna persona le gusta el sabor de la carne. De ocurrir esto, no habría tantos animales criados por la industria agrícola. Esto significaría que habría menos cerdos, vacas, pollos y otros animales. Un caso similar es el de las controversiales corridas de toros.

Para las corridas de toros se utiliza una especie única de ganado: los toros de lidia. Esta especie de toros no se utiliza para otros fines distintos a este controvertido espectáculo. Por tanto, estos animales son criados única y exclusivamente para las corridas de toros.

En este sentido, sin las corridas de toros, es muy probable que hubiesen muchísimos menos especímenes de esta especie o, incluso, estarían extintos. Esto, al igual que en el caso anterior, nos hace cuestionarnos sobre las posibles implicaciones a nivel de costos y beneficios de nuestras decisiones.

Para poner un ejemplo más cercano a la humanidad, nos hace cuestionarnos si es mejor tener 20 mil millones de personas en la Tierra con un pobre nivel de vida o tener tan solo 10 mil millones de personas con una mejor calidad de vida. De escoger esta última opción, vale preguntarse respecto a las 10 mil millones de vida que estaríamos desechando.

En síntesis, se trata de hacer un análisis costo-beneficio de nuestras decisiones, teniendo en cuenta las implicaciones de estas sobre el destino de aquellos que dependen de las alternativas escogidas.

El experimento de la posición original

En este experimento debemos imaginar que no sabemos absolutamente nada de nuestra vida real. Así, no sabemos donde vivimos, cual es nuestra profesión, cuáles son nuestras condiciones de vida ni cuál es el sistema político en el que vivimos. Tampoco tenemos conocimiento alguno sobre ciencias; básicamente, estaríamos detrás del velo de la ignorancia.

Bajo esta premisa, se nos otorgan materiales en los que se explican los sistemas políticos existentes basados en las diversas tradiciones de la filosofía social y política. En atención a ello, se nos pide que seleccionemos el sistema político que se adaptaría mejor a nuestras necesidades.

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Ahora, luego de tomar esta decisión, ¿qué pasaría si nuestra realidad es que vivimos en un barrio sumamente pobre de la India?, ¿cuál sería la diferencia si en realidad formáramos parte de la clase media londinense?, ¿y si tuviésemos algún tipo de discapacidad?

Cuando se ha llevado a cabo este experimento, se ha encontrado que las personas suelen elegir sistemas de gobierno que garanticen la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos. Así, la invitación es a reflexionar respecto al proceso a partir del cual tomamos decisiones y nos formamos opiniones, sin conocer la historia de vida de las personas que viven en diferentes condiciones que las nuestras. Quizás nuestros intereses fuesen distintos si fuésemos capaces de entender la realidad que otros viven.

Referencias:

  1. Philosophical Thought Experiments, Intuitions, and Cognitive Equilibrium. https://doi.org/10.1111/j.1475-4975.2007.00154.x
  2. Thought Experiments And Philosophical Knowledge. https://doi.org/10.1111/j.1467-9973.2011.01700.x

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